Pedrés-Teresa, la historia continúa (XVII). Por Santos García Catalán

Roble Radio

Pedrés con Camino y El Cordobés en su último paseíllo de matador de toros en Hellín (1965)

Capítulo anterior: https://villarrobledodiario.com/pedres-teresa-la-historia-continua-xvi-por-santos-garcia-catalan/

Santos García Catalán.

En el capítulo anterior habíamos rematado la temporada de 1964; la de las sesenta y cinco tardes, donde encabezaba cartel con la primerísima figura: Manuel Benítez “El Cordobés”. Ahora, relatamos las once corridas de toros de nuestro protagonista en el último año en activo como matador de toros.

 

1965: El último paseíllo

En 1965, Pedrés pensó nuevamente en retirarse y solo toreó once festejos, comenzó el 24 de junio en Alicante, con Curro Romero y “El Cordobés”, lidiando bureles de doña María Teresa Oliveira.

El 29 del mismo mes toreó en Zamora, astados de don Manuel Francisco Garzón, compartiendo la terna con Paco Camino y Andrés Vázquez.

El 1 de agosto actuó en Benidorm, con “Miguelín” y Carlos Corbacho, se corrieron toros de doña Ana Peña.

El día 8 el festejo fue en San Sebastián, forma cartel con Cesar Girón, Fermín Murillo y el rejoneador Rafael Peralta, se corrieron seis toros de don Fermín Bohórquez en lidia normal y un novillo para rejones, de don Javier Molina.

El 15 de agosto en Tarragona, se enfrentó a un encierro de don Fermín Bohórquez, con Victoriano Valencia y “Zurito”, también Rafael Peralta rejoneó un astado de don Manuel Arranz.

Repitió el 22 de agosto en Tarragona, con Diego Puerta, “El Pireo” y el rejoneador Ángel Peralta, se lidiaron seis reses del Marqués de Domecq, para los tres espadas y una de doña Eusebia Galache, para rejones.

 

Tres tardes en Albacete

En la feria de Albacete, de nuevo tres contratos, los días 12, 13 y 14 de septiembre. La primera tarde compartió cartel con Curro Girón, Manolo Amador y el rejoneador José Ignacio Sánchez y Sánchez, lidiando seis cornúpetas de herederos del Conde de la Corte y uno de la ganadería de Barcial.

La segunda tarde acompañaron a “Pedrés”, Antonio Bienvenida y Pepe Osuna, compartieron un encierro de cinco reses de don Eduardo Miura y una de Sánchez Rico.

 

La última actuación en la feria fue el 14, una corrida con cuatro diestros, “Pedrés”, Antonio Barrero “Chamaco”, Paco Camino y Manuel Amador, en el cartel inicial figuraban, “Curro Romeo” y José Fuentes, que fueron sustituidos por Paco Camino y Manuel Amador, se corrieron seis bureles del hierro de don José María Arauz de Robles y dos de don Benardino Píriz.

 

Fin a una carrera brillante

El 1 de octubre de 1965 puso fin a su actividad como matador de toros, en el coso de Hellín, compartiendo cartel  con Paco Camino y “El Cordobés”, se enfrentaron a un encierro formado por cuatro astados de Flores Cubero Hermanos y dos de don Francisco y don Salustiano Galache.

            Cartel que anuncia la última corrida de su carrera taurina (cedida)

Así remata González Puértolas en su libro “46 Toreros del siglo XX”:

“Esta vez sí fue la definitiva, solo volvió a pisar los ruedos en festivales benéficos. Fue un torero serio y honrado, que revolucionó, quiso introducir un cambio en el toreo, haciéndolo de espalda, hay que reconocerle el mérito de pases como, el cuatro en uno, o la “Pedresina”, conocido también, como “El Fallero”, por realizarlo la primera vez, en las Fallas de Valencia.

Pedrés y su popular “Pedresina” (cedida)

Durante su época en activo, tuvo catorce cornadas, la primera importante fue en Valencia y la más seria en San Sebastián, el 17 de agosto de 1955.

Según declaraciones del torero, sus tres tardes más importantes

fueron: su debut en Albacete, la presentación como novillero en Madrid y el 22 de abril en la Feria de Sevilla de 1963, frente a un toro de “Urquijo”, que al finalizar la tarde, firmó ochenta corridas.

Se le considera, en unión de Juan Montero Navarro “Potaje” y Manuel Jiménez Díaz “Chicuelo 11”, los que cimentaron la tauromaquia en Albacete.

No dejó nunca el mundo de los toros, siguió vinculado como empresario de cosos taurinos y como ganadero”.

 

Pedrés visto por André Viard (Revista Tierras taurinas)

Les ofrecemos una lectura apasionante y apasionada, relatada en la revista francesa “Tierras Taurinas” (junio 2014), donde André Viard descubre la sencillez, el trato cordial y la calidad humana de Pedrés en el reportaje realizado en la finca “Los Labraos”. Universitario, pintor, escritor, caricaturista, periodista, fotógrafo… y matador de toros, André Viard, quien es también creador y presidente del Observatorio Nacional de las Culturas Taurinas, abarca en su visión humanista del mundo taurino sus aspectos históricos, técnicos, filosóficos, etnológicos, artísticos, poéticos… y picarescos, lo cual imprime a sus textos y a sus fotos una profundidad y una originalidad únicas.

André Viard

Pedrés: de la pedresina a “Los Labraos” (Tierras Taurinas 2014)

“Entre Fuentes de Oñoro y Fuenteguinaldo, tierras donde don Julián “El Charro” libró sendas batallas junto a Wellington, el maestro Pedrés ha sembrado el fruto de sus esfuerzos en los ruedos.

Cuando tuvo que abandonarlos, se bajó del “mercedes” y se subió al tractor.

En los dibujos de Cocteau, que de toros no tenía ni puta idea pero que conocía los resortes de la condición humana, entre el furor dionisiaco de “El Pelos” y el ímpetu apolíneo de Romero, el estoicismo hierático de Pedrés surge como el eje que necesitaba el toreo de aquellos años para no perder el norte y poder inventar su futuro.

Nadie lo adivinaba entonces pero, cuando apareció Pedrés, con un toreo vertical basado en la quietud, el aguante y la proximidad, no se trataba de una continuación del toreo amanoletado o tremendista del Litri, sino de los primeros mimbres que trenzaron el cesto del toreo postmoderno, el cual hunde sus raíces en el clasicismo más seco, interpretándolo a su manera.

El mismo toreo con el que José Tomas, treinta años más tarde, alcanzara la cumbre. Más allá del bien y el mal, cuando Pedro Martínez “Pedrés” brotó con fuerza desde los pueblos de La Mancha, donde se curtió en las capeas, marcó una época en la tauromaquia, y excavó una fuente de donde bebieron muchos, empezando por El Cordobés.

Desde la inmovilidad más absoluta, el arcángel que Cocteau adivinó en este torero manchego, anunció nuevos tiempos, igual que el propio arcángel Gabriel. La explicación del maestro Pedro es más sencilla: «Tuve la suerte de poseer mucha vocación… Entendí que para romper había que pasarse el toro muy cerca, y ganarle pasos en vez de perderlos Ese es el secreto del toreo».

Otro secreto de los toreros consiste en saber cambiar de rumbo a tiempo, y no pensar que la vida soñada de las figuras dura más allá del tiempo en que cogen la muleta. Cuando le llegó la hora, el maestro Pedro se bajó del “mercedes” y se subió al tractor.

Su vida, entonces, tenía como marco principal la comarca de Ciudad Rodrigo. «Pasé en Ciudad Rodrigo mucho tiempo, y un día me avisaron que un marqués vendía su finca. Su hijo era íntimo amigo mío. Me avisó y me quedé con Los Labraos, en Iruelo de Azaba, entre Fuentes de Oñoro y Fuenteguinaldo. Y por ahí andamos».

         Pedrés en Los Labraos donde montaba a caballo con frecuencia (cedida)

Los Labraos es el nombre de su finca, y nunca mejor puesto, pues aquella tierra fue regada con lágrimas de sangre que manaron de catorce cornadas.

«La verdad es que, en un principio, me pillaba lejos de casa, pero un día me encontré en Madrid con una persona que quería vender un negocio por Salamanca. Era un terreno a ambos lados de la frontera con Portugal, donde el proyecto consistía en montar una gasolinera. Y teniendo ya la finca muy cerca, estaba todo en casa».

“Las Pedresinas”

Y “La Pedresina”, ese cambio por la espalda ejecutado al toro al comienzo de la faena, inspirado en el «Litrazo», pero más emotivo todavía, de ser la marca de fábrica del torero albaceteño, pasó a ser la de sus negocios : la gasolinera de Fuentes de Oñoro primero, luego otras en Madrid y, como no, la de los jamones ibéricos que produce en “Los Labrao”s, y que vende, por supuesto, en el supermercado que ha instalado al lado de “La Pedresina” de Fuentes de Oñoro.

Complejo “La Pedresina” en la frontera portuguesa (Lapredesina.com)

Para que no falte un detalle, las becerras desechadas durante las tientas acaban en la cafetería del área de servicio, donde paran todos los autobuses y camiones de las líneas de Portugal. Más redonda no podía salir la faena.

Francia, un mercado donde ha impactado el ganado de Pedrés

Aunque el maestro nunca ha presumido de lo que posee, parece que su ganadería pronto va a conquistar un puesto más acorde con su calidad. Desde hace siete años, se ha empezado en Labraos un amplio proceso de modernización, y los tres o cuatro lotes lidiados cada temporada, casi siempre muy bien presentados y exitosos, le han permitido encontrar en Francia un mercado prometedor: en Captieux primero, luego en Samadet y el año pasado en Soustons, los novillos-aldeanuevas de Los Labraos han entusiasmado a los aficionados, lo que ha conseguido que en este año 2014, por méritos propios, la ganadería debute en Bayona con una corrida.

Un premio al maestro, por supuesto, que durante tantos años ha ido seleccionando la vacada con mucho esmero, pero también a su hijo Pedro quien, después de la corrida de Madrid del de abril de 2007, se ha encargado de modernizar los métodos de crianza. Esa tarde, de un lote descomunal de presentación, sólo se lidiaron dos toros, de mucha clase por cierto, mientras que cuatro fueron devueltos por flojos. Y en vez de tomar antigüedad, la ganadería tuvo que volver a empezar de cero. Un palo verdaderamente duro.

 

Pedrés y El Raboso

“Un día, después de adquirir Los Labraos, fui a ver al Raboso para comprarle un toro manso para echar a las noventa vacas avileñas que había comprado previamente, y tuve la sorpresa que, a los ocho o diez días, me mandó treinta y tantas vacas bravas. Así me metió en este lío del bravo. Luego, me mandó muchos sementales extraordinarios. La ganadería brava fue la ocupación a la que he dedicado más tiempo con todo el cariño del mundo y, poquito a poco, hemos ido mejorando. Parece que no vamos mal.

                 A hombros en Albacete en 2010 (Manuel Podio)

En Albacete, hace dos años, hasta me sacaron a hombros con los novilleros. La novillada era una corridita de toros… Pero no hemos vuelto…». Yeso que los Lozano son buenos amigos.

El maestro recuerda también el indulto, en Laguna de Duero, de un novillo suyo por Siro. «Fue un gran novillo. Toda la gente en pie pidiendo el indulto. Me hicieron llorar. Hubo otro mejor ese día, pero el chaval no se acopló.

Novillo indultado en Laguna de Duero en 2007 (cedida).Pedrés entrevistado por Santos García Catalán cuando fue a recoger el trofeo a la localidad ribereña en 2008. (José Salvador)

“Y el año pasado, en Cantalejo, Curro Díaz cuajó a un burraco que era de Bilbao. Un tío. Pero con mucha calidad, y lo bordó el hombre. En esa corrida se lidiaron como toros novillos que habían ido a Soustons el año anterior, en una novillada que se había suspendido por agua».

Ese día de Cantalejo, en su primera corrida del año, Víctor Barrio cortó cuatro orejas.

    

Los hermanos Pedrés con el mayoral, Julián Tabarez, tras la corrida de Cantalejo (cedida)

Por los cercados de Los Labraos viendo la vacada

El sol de levante acaricia con sus primeros rayos a las vaconas de Pedrés, diseminadas en inmensos cercados: doscientas hectáreas onduladas para cada uno de los dos recintos.

El ruido familiar del 4×4 que les lleva los tacos de pienso provoca el agrupamiento de la piara en un alto soleado.

Pero al comprobar que, junto a su mayoral de siempre, también ha venido un intruso, las vacas se lanzan en una carrera alocada.

Entrada a Los Labraos, toros en la dehesa y la clásica vacona colorada con su cría de la ganadería de Hermanos Pedrés (cedidas)

Acometen al galope en dirección al paparazzi que ha tenido la osadía de sorprenderlas en su hora más íntima, sin embargo, frenan en seco cuando ven que su desafío no surte efecto, por lo que regresan también al galope, sin importarles que sus hambrientas crías queden colgadas de sus mamas.

Al final, después de este vaivén salvaje, miran por última vez de forma desafiante, hasta desaparecer tras la zona más escondida de sus dominios. En Los Labraos, el mayoral Julián tiene plenos poderes para llevar el día a día de las 1.300 hectáreas de la finca, cuyo suelo arenoso es la causa tanto de la riqueza en bellotas, como de la necesidad de complementar la escasa hierba con pastillas de pienso. Según los entendidos, esta zona resulta más fría que el Campo Charro. No es vano, esto ya no forma parte de la Charrería, sino de la tierra de Ciudad Rodrigo.

Pedrés en Los Labraos y de tentadero con un jovencísimo Urdiales. Vista aérea de la placita de tientas y parte de la familia ganadera con el torero López Simón (cedidas)

El Campo Charro es más de hierba y esto más de bellota, más dehesa que pastos, aunque la ribera del río Azaba resulta muy buena. De ahí le viene el nombre a la finca: hace tiempo debía de labrarse aquí. Pero, tras la compra del maestro Pedro, ha mejorado con 30 hectáreas de regadío, y ya sólo se cosecha forraje por si hiciera falta.

De la carretera de Ciudad Rodrigo a Fuentes de Oñoro y hasta la finca, que se encuentra a la derecha viniendo desde Portugal, se dibuja el mejor triángulo de bellotas del mundo.

En toda la ribera del Azaba la bellota es muy cotizada y, obviamente, también el cochino, que se cría por encima de cualquier otro animal. Por lo menos, eso afirman los lugareños. Y cuando no hay cochinos, son las vacas las que aprovechan las bellotas. Por eso están gordas.

En esto consiste la economía de la zona: marranos y vacuno o bravo. Y parece que ambos van para arriba, sin grandes pretensiones, pero últimamente viene más gente a comprar.

Toros, vacas y cochinos conviven en la dehesa en sana paz, con la bellota de por medio. (cedida)

El segundo lote de vacas aguanta un pelín más que el primero. Su tipo resulta inconfundible: gran alzada, muchas de ellas ensilladas, algunas cortas de cuello y con papada… Lo de Aldeanueva no es un encaste fino. «Cuando María Fonseca le tuvo que vender al Raboso, -cuenta el maestro Pedro- vino un toro que era muy feo, pero más bravo que la madre que lo parió”.

Con el diestro galo Juan Leal en una de las visitas a Los Labraos para tentar (cedida)

A causa de este ejemplar, al cabo de medio siglo, perdura el tipo feucho y la bravura enclasada. Es Domecq sin serlo, puesto que se trata más bien de un Domecq arcaico, anterior a la aportación de Lancero de Núñez. Con lo cual, Aldeanueva es más Pedrajas que otra cosa. Un encaste que siempre resultó complicado.

Julián, el fiel mayoral

Julián Tavarez, que entró en Los Labraos con veinte años y ahora tiene el doble, conoce todas las trampas de las cien vacas que cuida con cariño, como si fueran suyas. No en vano, de alguna manera lo son. «Esto es un oficio muy duro, muy sacrificado. Aquí el ganado come todos los días: no hay domingo, no hay día libre. Esto sólo se puede aguantar si te gusta el campo y el bravo».

Por supuesto, ambas cosas le gustan a Julián. Pero, seguramente, lo que provoca que se sienta tan a gusto en una situación donde otros se deprimirían es su relación con el maestro, «el Jefe Grande», como le llama. «Llegué siendo un crío y, desde el primer día, el maestro me habló de usted, con mucho respeto, pidiéndome muchas veces mi opinión. Hasta no hace tanto tiempo, me mandaba encerrar seis vaconas de éstas y las tentábamos entre los dos. Él a pie, yo picando. ¿Pa’qué queremos a más gente?, decía.

Pedrés y Julián, su mayoral en una mañana de tentadero (cedida y Menacho)            

Tenía más de setenta años, y no he vuelto a ver tentar con tanta perfección. Todo muy sencillo. Cada uno en su sitio. Con temple, mimo, cabeza… No he visto cosa igual».

Tampoco se ven a menudo vacas con el tamaño de estas Aldeanuevas. «La verdad es que esto es duro. A los del campo, nos dan, nos dan… Pero aquí se cuida mucho el ganado. No es lo mismo cuando ves a las vacas con hambre que cuando están gordas. Es un encaste muy complicado. Yo me acuerdo de cuando iba a lo del Raboso, a encerrar, a ayudar… A lo mejor ibas detrás de un toro y venía otro arrancado detrás de ti… Esa gente lo tenía poco manoseado. Ahora, con los saneamientos, las fundas y todo eso, están algo más acostumbrados.

Pero siempre se ve bien que es Aldeanueva. Mira la vacota ésa… menuda es. i Qué tamaño tiene !». En el grupo, destaca una Guantera colorada con su cría mamando. «Es madre del semental tostado número 13. La mejor familia que hay aquí. En realidad, todo esto tiene que ver con una primera Guantera que vino al principio. Raboso, de lo bueno, bueno».

Al hijo, que está padreando en el otro lote, se le aprecian distintas hechuras: más bajo y fino. Nada que ver con el famoso Renacuajo, o el mismo Rosenol, que fueron los padres de lo del Raboso al principio. La mirada, en cambio, sí que la tiene «rabiosilla»… Todo lo que nos gustaba allí venía a padrear aquí. El Jefe Grande y Raboso eran como familia”. Julián habla despacio, con un tono pausado. En los labraos también se alternan los robles.

Una “aldeanueva” colorada con su cría (cedida)

“En los enormes cercados, las vacas viven asilvestradas. Cuando tenemos que encerrarlas, nos pegan unas palizas terribles. Siempre se nos escapa alguna, y para volver a meterla, a veces tardamos dos horas. Pero nunca dejamos que se salgan con la suya. Y si hay que cogerla, la cogemos. Porque si no la traemos, un día se va una y el otro veinte… ¡Nos metemos cada templada a caballo para meterlas!”.

Durante muchos años, la ganadería de Pedrés perteneció a la Asociación. La de segunda, vamos. Después hizo la prueba, lidió las novilladas precisas con éxito, alguna corrida, e ingresó en la Unión. El colofón hubiese sido la toma de antigüedad, prevista el 1 de abril de 2007. Pero resultó un desastre. «Fue una pena, porque esto siempre ha salido muy bueno.

Es una ganadería que no está en el sitio que podría. Tendríamos que haber lidiado alguna corrida más… A ver si tenemos suerte en Bayona. Allí puede empezar otro ciclo».

Erguido a lomos de un caballo que piafa, el torero de la veleta parece señalar el camino recto que siempre siguió el maestro. Pedro hijo toma notas desde un burladero, pero el maestro no necesita escribir: se queda con lo bueno y manda comer lo demás. De forma excepcional, Julián no pica hoy. El caballo de la finca se ha muerto y están probando otro que quieren comprar. Lo ha domado Manuel José Bernal, picador de dinastía.

Han encerrado tres vacas para Borja Jimenez, que triunfó y recibió una cornada en Soustons con una novillada de casa. Lo importante son las vacas -asegura el maestro-, y las tenemos confirmadísimas. Te liga un toro, y te pone en el candelero. No te liga, pues nada, sigues como estás, con una base buena, y a la espera del que te haga pegar el salto.

Pero, por muy mal que te ligue un semental, salen cosas buenas si las vacas están como deben. Quizás no para que nos den la vuelta al ruedo, pero sí para cortar una oreja».

        El diestro sevillano Borja Jiménez una tarde en Las Ventas (sevillataurina)

La primera, una Guantera, sale excepcional y el rubio sevillano la aprovecha en una larga faena. «El toro tiene que ser bravo -sigue el maestro-. Y luego hay que buscar la calidad. La primera ha sido muy buena, y a la segunda le ha faltado bajar la cara un poco más». De ella, saldrán unos estupendos solomillos para los camioneros de La Pedresina.

Y la tercera ha sido noble, pero se ha rajado. Ha estado muy bien el rubio: ha llevado a las tres donde ha querido”.

Se aprecia el buen momento de una ganadería cuando vienen a buscar semillas en ella. «Ahora están pidiéndome sementales los de Salamanca-afirma el maestro-. Es un toro con tamaño, buen fondo y muchos cojones. Pero, aún así, es una profesión muy complicada… Los echas bravos, con cojones, y cuidado, ¿eh? Que yo he sido torero. Y en mi época era igual. Lo que pasa es que éramos más inocentes, y lo que queríamos era torear. No nos importaba tanto de donde fuera y de qué fuera.

Y triunfando, de una sacabas tres. Arrimándote. Yo me los pasaba por delante, por detrás, y muy cerca… Y no se miraban los encastes.

Embestían más o menos igual que ahora, pero se lidiaban más de utreros. No había guarismo. Pero cuidado: los utreros gordos embestían con mucha movilidad. Se te venían de un lado de la plaza al otro. Yo les esperaba y les cambiaba la dirección en el último momento, y la gente ya no sabía si había pasado por delante o por detrás.

Toro de Pedrés lidiado en Bayona en 2010 con Leal y Ureña a hombros (cedida)

Y aquí estamos. También era más inocente el público, pero lo vivía con más intensidad porque esto transmitía mucho. Si quieres transmitir, debes disfrutar con lo que estás haciendo. Tiene que verse tu personalidad, no la técnica. Ahí está José Tomás… y en vez del pase atrás, el paso alante, y echarle cojones. Ya verás la que preparas. Colocado en el primero y girar rápido sobre las piernas. Transmites lo que llevas dentro, que es lo que hay que intentar hacer. Pero cuidado con lo que se pasa allí cuando te pasas los pitones por la barriga”…

Otra época revive gracias a las palabras del maestro Pedro, “Camará era un gran hombre, un perfecto caballero, que cuando te tenía que leer la cartilla, te la leía, sin que te molestara. Con respeto. Yo recuerdo con mucho cariño a don José”.

Después de morirse Manolete, Camará llevaba al Litrí cuando se fijó en este novillero albaceteño a quien vio triunfar en Madrid. «Yo era un muchacho con 19 años cuando me cogió. El primer año que toreé en Madrid de matador, lidié cuatro corridas de toros y me dijo que había cobrado más dinero que Manolete.

Era muy sano: al pan, pan; y al agua, agua… Ibas a su casa y te sentías en la tuya». «Después de lo de Madrid -comenta Pedro, el Jefe Chico-, cambiamos todo el manejo.

Pedrés y Julián preparando las caballerías para visitar los cercados (cedida)

Esta corrida se tenía que haber lidiado dos años antes en Sevilla, pero al final no fue, por grandecita. Luego, de cuatreña, estaba anunciada en la Beneficencia de Ávila, por el cartel que tenemos desde siempre en Barco de Ávila, donde llevamos lidiando 17 años novilladas muy serias y muy buenas.

Y en Ávila, con las figuras en el cartel, llovió y se suspendió. A Madrid fue al año siguiente, cinqueña ya, y muy grande, gorda de bellota, con un pelo extraordinario, muy bella, pero no se había podido mover…

              Novillo “Macareno”, indultado en Laguna de Duero en 2007 (cedida)

En realidad, se le había pasado el arroz. Y en Madrid, en cuanto doblan las manos, ya se sabe». Los dos que se lidiaron tuvieron mucha clase, y otros dos se podrían haber mantenido… «Ahí fueron a por mí…», recuerda el maestro con tristeza. «No teníamos que haber ido a Madrid.

Pero bueno, de los errores hay que aprender-sigue su hijo-. A partir de ahí cambiamos todo: la alimentación, el pienso, el manejo, hicimos un corredero…, Y volviendo a lidiar novilladas, se abrió el mercado francés. No hay ningún mal que por bien no venga. Y la corrida de Bayona que se lidiará este año en agosto, es otra oportunidad».

Hacemos un inciso al citar la corrida de Bayona, porque esta salió buenísima. Extraemos una reseña de EFE con foto de André Viard:

“Bayona (Francia), 9 ago.- Los diestros Paco Ureña y Juan Leal, con dos orejas cada uno, salieron hoy a hombros en el primer festejo de la feria de Bayona (Francia), una tarde interesante también por el juego de los toros de Pedrés, lo que propició que el mayoral de la ganadería saludara al finalizar el festejo”.

             Ureña y Leal triunfaron en Bayona con los toros de Pedrés (André Viard)

No muy lejos de Los Labraos está Martihernando, la finca donde Atanasio tuvo siempre sus vacas, y donde pastan ahora las limusinas de sus nietos. En esa época, Ciudad Rodrigo era un importante centro ganadero. «Comíamos todos los martes en el Conde Rodrigo después de tomar los vinos en El Cruce: Raboso, Atanasio, Andrés Ramos… han desaparecido todos y ahora sólo me queda Javier Sánchez Arjona». Siempre que puede, el maestro visita Los Labraos, aunque la edad le ha restado movilidad.

En Madrid, donde vive, mantiene su tertulia de amigos. «Vamos matando el tiempo. Algunos son nietos del dueño donde yo trabajaba en Albacete, en un comercio de tejidos… Seguimos la amistad. Es una maravilla. Toreros veo a pocos. Entonces no había tanto trato como ahora entre nosotros. Nos saludábamos, pero vivíamos la vida cada uno por nuestro lado.

Sigo siendo muy amigo de Manolo El Cordobés, de Curro Romero… También lo era de Manolo Vázquez, de Antoñete, otro gran torero… Todos teníamos rivalidad con todos, pero honestamente. Sin mal estilo. Si podías ganar la pelea, la ganabas, pero por su sitio. A veces te costaba dar la enhorabuena, pero se mantenían las formas».

Antoñete y Pedrés actuaron muchas tardes juntos (cedida)

Los toreros de entonces no acostumbraban darse besos ni aliarse para obtener más fuerza en los despachos. Quien mandaba se hacía respetar, y quien no, se iba para casa. Y venían otros. Con una mueca traviesa que templa su fragilidad, el maestro Pedro realiza una última confidencia: «Yo no me atrevo a hablar-concede-, pero falta independencia en el taurinismo».

“Vendes una corrida -añade su sobrino-, y se convierte la finca en una romería del Rocío de tantos veedores que vienen a verla».

Los tiempos cambian, sin embargo, en Los Labraos la veleta sigue señalando el buen camino. Como reza el refrán, no es ella la que gira, sino los vientos.

 

Lo que opinan y escriben de Pedrés

Les ofrecemos la opinión de un paisano de Villarrobledo residente en Sevilla: Luis Fernando Angosto. Buen y exigente aficionado, Angosto nos relata sus vivencias taurinas desde que era un crío, además de recordar al gran Pedrés tras su muerte.

Pedrés visto por un niño “monterista”

Luis Fernando Angosto Madrid

Villarrobledodiario.com, 7 de septiembre de 2021

Me lo ha comunicado mi paisano y sobre todo amigo Julián Soriano apenas al tiempo de ocurrir. Los correos de las nuevas tecnologías llevan las noticias tristes –y algunas alegres- casi en tiempo real: “Acaba de morir Pedrés”.

Se me han agolpado los recuerdos, y la nostalgia me ha inundado, una vez más, rodeada de melancolía que, dudo que no sea bueno, por aquello de tener fresca la mente.

Y he vuelto a recordar que, apenas hace una quincena de días, Paco Ruiz Risueño y yo nos intercambiábamos el reportaje que Paco Mora escribió en Aplausos sobre Pedrés; donde nos contábamos el “pedresismo” acentuado de su padre en contraposición del “monterismo” de su primo Daniel Ruiz, padre y abuelo de los actuales ganaderos y las anécdotas que, de niño y algo mayor, tuve en relación con el gran torero Pedro Martínez “Pedrés”.

Pedrés con un grupo de jóvenes en un bar de Villarrobledo. Ese día, el famoso diestro vino invitado a la boda del veterinario Manolo Casarrubios. Angosto es el segundo de abajo por la derecha (foto cedida por el propio autor del artículo)

Para los que, afortunadamente, tienen menos años que los citados, los que citaré y el que esto escribe, sean o no aficionados a los toros (cuestión en la que no me recato en proclamar que integro la cofradía de los primeros), hay que decirles que Juan Montero y Pedro Martínez “Pedrés” fueron dos jóvenes que desde novilleros sin caballos hasta las más altas instancias que, como matadores de toros, lograron alcanzar cotas inimaginables en sus principios.

Su rivalidad hizo que los albaceteños de la capital y de la provincia se convirtieran en “istas” de uno u otro, tuvieran no solo discusiones  argumentando sus inclinaciones, si no que se llegaran a las manos con lo que de alteración de orden público suponía.

Llegado a este punto, viene mi primer recuerdo el 15 de agosto de 1951, el primer año después de trasladar la Feria de Villarrobledo desde septiembre, torearon en su plaza novillos de Samuel Flores, Juan Posada, Montero y Pedrés. La plaza a reventar y yo, como espectador acompañado de mi abuelo Tiburcio, que pasaba un tiempo con nosotros, atónito y resguardado por él, subidos hasta un palco para evitar los problemas que, entre los partidarios de uno y otro y la Policía Armada y Guardia Civil, venida exprofeso desde Albacete, trataban de arreglar su preponderancia.

Foto de Mondéjar en el callejón de la plaza de toros de Villarrobledo con dos buenos aficionados locales: José Antonio Castellanos y Julián Soriano, flanqueando al matador de toros  albaceteño Manuel de Paz. (Mondéjar foto)

No me pidan cómo desde mis 5 años hasta ahora siempre he tenido aquella sensación. Ni me soliciten como con pocos más me llevaron la hija de un cliente de vinos de mi padre, Bodegas Cervantes, en la calle Cervantes, al lado de la casa de “Los Potaje” (los Montero) y una amiga, a casa de Pedrés, porque eran amigas de las hermanas del mismo; y la vergüenza, que todavía conservo por mi indiscreción, que al preguntarme de quien era partidario contesté ufano que de Montero.

O de mi cara dura al meterme en la boda de Casarrubios, después tan amigo, para hacerme la fotografía que acompañó junto a tantos conocidos. O la vez que Pepe Núñez-Cortés y yo fuimos a Manzanares donde toreaba Pedro con “El Cordobés” y, estando solo en la habitación, después de haber cuajado a un toro como solía hacer en su postrera reaparición, respondió a Pepe tras ensalzarle la faena ¿“has visto como he estado, no? ¡Pues te habrás dado cuenta que la gente solo estaba pendiente de Manuel; éste acaba con todos!”

O la satisfacción de que nuestro Santos García Catalán me contara como fue testigo de la presentación de la primera corrida de toros que lidió Pedro, en Iscar, y como, en directo, entrevistó a su mujer, Teresa Jareño, nuestra paisana, con la que ha compartido toda su vida.

Confieso sin rubor que mi militancia “monterista” de aquellos años se convirtió en “pedresismo” convencido. Por extraordinario torero, porque me consta su hidalguía y su pasar por la vida con bondad, humildad y caballerosidad. Con Pedrés crecimos y con Pedro debemos fijarnos para imitarle. Descansa en paz.

Montero y Pedrés en sus inicios de novilleros haciendo espera en la pensión para el paseíllo (cedida)

 

 

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