Mi Villarrobledo me emociona (II Parte). Por Santos García Catalán

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Santos García Catalán.

Teresa Jareño posa con la ermita de La Virgen de la Caridad al fondo

La ermita de la Virgen de la Caridad

Luego, tras dejar a los hijos de Teresa y Pedrés en el hotel, ya que iniciaban el regreso a Madrid, junto a sus sobrinos, entre ellos Jorge y Bea, la autora de la portada del libro (a cada uno lo suyo),además de los de Albacete y Valencia, iniciamos unas visitas a sitios emblemáticos de nuestro pueblo como la ermita de la Virgen de la Caridad, nuestra patrona, y su parque, un lugar de ocio con una arboleda sombría y ameno para los niños y mayores.

En la ermita de La Virgen con Amparo, Enrique, Teresa y Javi. Falta Cari, la esposa de Javi que hizo la foto.

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La visita a los seres queridos

Posteriormente nos dirigimos al cementerio municipal donde reposan los restos de los abuelos y padres de Teresa. Nos acompañó Enrique, el menor de los hermanos de Teresa, su esposa, Amparo, Cari la esposa de Javi, que es el hijo de Dolores, la prima carnal de Teresa. De ellos hablaremos posteriormente con más sosiego porque el trato que nos ofrecieron fue de lujo.

La fábrica de las fuelles

La siguiente y última visita fue a la calle de San Sebastián, donde al final de la misma estaba la antigua fábrica de las fuelles de los hermanos Ríos. Allí, enfrente de la fábrica, vivió Teresa y su familia hasta que se fueron a Madrid. Antes lo hicieron en la casilla de la carretera de Tomelloso, donde el padre de Teresa ejercía de peón caminero. Se detalla ampliamente en el libro.

La gastronomía y las buenas gentes de mi pueblo

Primero en el Hotel Ideal, donde se alojaron Teresa y su familia. Pedro, el propietario veterano hostelero al que conocí de jovencito, lleva las riendas de este hotel y del Juan Carlos I, en plena Plaza Vieja. En su restaurante degustamos, junto a tres de mis hermanos e invitados por Teresa, una serie de platos típicos del pueblo donde sobresalieron unos gazpachos deliciosos.

Teresa, sus hijos y sobrinos llegados desde Albacete y Valencia. Todos en torno a Candelita, la última nieta de Teresa y Pedrés

Luego, por la noche, tras la presentación del libro, repetimos en el Ideal donde volvimos a degustar otros productos típicos como el lomo de orza, queso frito y unos torreznos exquisitos con fondo de patata y ajos. No faltó un tinto de Estola superior. Realmente espectacular.

Foto de la cena donde compartimos mesa y mantel con los familiares de Teresa.

Domingo glorioso de gachas y sus variantes

“Pa vernos dao un apechusque”, en terminología manchega, de lo que engullimos el último día de estancia de Teresa y su hijo Pedro, junto a Yorlis, su pareja, además de Amparo y Enrique. El resto de la familia se perdieron una ocasión única.

Dolores, Loli, Pedro, Cari y Javi

Y la “culpa” fue de Loli y Pedro, una pareja encantadora que nos colmaron de “bienes naturales del terruño”. Cuando regresábamos del cementerio, y tras la visita a la calle de San Sebastián, Javi, el hijo de Dolores, -prima carnal de Teresa- no tuvo que insistir mucho para que aceptáramos el suculento almuerzo que su hermana y Pedro estaban preparando.

Olor a tocino y jamón frito y a queso

Nada más entrar en la casa de Dolores empezamos a oler a gloria bendita. En un pequeño y coqueto patio se estaba cocinando algo sencillo, pero poderoso y a la vez sublime: unas gachas, donde sus borbotones anunciaban que estaban en su punto.

Pedro, un robusto fontanero sanclementino, pareja de Loli, era el autor de ese guiso gastronómico que quitó el hambre a tanta gente en épocas de penurias. Ahora, es un manjar comerlo, pero tiene que ser al estilo tradicional. Y Pedro y Loli dieron en el clavo.

Las gachas, el tocino y el jamón frito, junto al queso y los consabidos pimientos picantes en vinagre, son un un excelente complemento.

Porque, junto a ese manjar, donde se acerca uno a la sartén, y con pequeños trozos de pan ensartados en un tenedor, -siempre fue con una navaja- uno moja y paso atrás, la vista se desparrama hacia otros platos contundentes como tocino adobado y jamón, ambos fritos, además de queso curado y otro viejo en aceite, (ese que tiene ribetes coloreados y que suele picar), pimientos fritos y picantes en vinagre, al margen de otros condumios de matanza.

Tampoco faltó el buen vino tinto y blanco de bodegas Don Octavio. En fin, que les voy a contar a mis paisanos que no sepan de estos menesteres. 

 Foto de familia, uno era un añadido, en torno a Dolores que, con sus 90 y pico primaveras mantiene una memoria privilegiada. Tiempos ha cuando vendía fruta y hortalizas en el sótano del Mercado de Abastos junto a su inseparable Apolonio.

Gracias, Dolores, Loly, Cari, Pedro y Javi. Fue un placer compartir con vosotros ese mediodía. Sois realmente generosos. Seguir conservando esas ganas tan intensas de vivir y de agradar. Un abrazo desde Valladolid y hasta siempre.

Mi Villarrobledo me sigue emocionando.

P.D. No quiero dejarme en el tintero la “encerrona” que el aparcamiento de la Plaza Vieja le “jugó” a Pedro, a Yorlis y a Candelita, quienes, por culpa de la electrónica, quedaron atrapados en el mismo.

Tras varios intentos, y después de llamar a nuestro amigo Cándido, de la Policía Municipal, que afortunadamente no tuvo que intervenir, Pedro pudo “zafarse” y salir airoso del trance, eso sí, haciendo malabarismo con el volante.

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