La central nuclear de Chernobyl y Villarrobledo. Por Santos García Catalán

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Santos Garcia Catalán.

Mis recuerdos llegan 38 años después, tras publicar un reportaje , en exclusiva, en la revista Interviú sobre esa central nuclear un mes después de la tragedia

Hace unos días se cumplían 38 años de la catástrofe de la central nuclear de Chernobyl. En aquellas fechas dirigía la emisora de Antena 3 de Radio en la pacense Villanueva de la Serena.

Estando en el despacho, y con la radio puesta, escuché expectante la palabra ¡Villarrobledo! y me acerqué al estudio, donde el locutor Ángel Valadez, que conducía la mañana de la programación local. Valadez, natural y vecino de Don Benito, localidad muy cercana a Villanueva, entrevistaba a su paisano Faustino Parras, un ingeniero nuclear que se encontraba de visita familiar por su terruño.

Parras, era en aquella época responsable de seguridad de un tercio de las centrales nucleares del mundo. Trabajaba para Tecnusa, con sede en Paris. Faustino había ido a Antena 3 de Radio invitado por su paisano, y hablaban sobre lo ocurrido en la central nuclear de Chernóbyl unas semanas antes.

    Entrevista a Faustino Parras, firmada por quién suscribe, se publicó en la revista INTERVIÚ en junio de 1986.

Un auténtico desastre nuclear, hasta el punto de que Prípiat, la ciudad construida en 1970 para alojar a los trabajadores de la futura central nuclear, en la frontera de Ucrania con Bielorusia, (entonces de la URSS) es una ciudad fantasma que llegó a tener 50.000 habitantes.

Prípiat está situada a 3 kilómetros de la central, mientras que Chernóbyl se sitúa a unos 14 kilómetros. La central nuclear se encuentra en la región de Chernóbil, pero la ciudad y la central no estaban directamente relacionadas. Antes del accidente, vivían en Chernóbil 14.000 personas en la ciudad; en años recientes, menos de mil.

La explosión sepultó a numerosos obreros que fueron enviados para contener el escape radiactivo, volcando sobre la grieta abierta en el sarcófago toneladas de hormigón. Pero lo cierto es que los enviaron a una muerte segura. Y allí siguen sepultados. Otros 600, trabajadores, bomberos y personal técnico, se encargaron de sofocar el incendio desde el exterior.

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Los efectos radiactivos se expandieron por la zona afectando a miles de personas, animales y flora. Ahora se recuerda en todo el mundo con tristeza los daños causados. Os dejo este enlace para que comprobéis la magnitud del desastre de Chernobyl. Es un magnífico reportaje de National Geografic realizado en 2021, treinta y cinco años después de la explosión.

https://www.nationalgeographic.es/historia/2021/04/la-vida-continua-en-chernobil-35-anos-despues-del-peor-accidente-nuclear-del-mundo

La primera fase de la central nuclear de Chernóbyl, hacia fines de los años 70.

 

?Y Villarrobledo¿

Os estaréis preguntando ¿Por qué asocio Chernobyl con nuestro querido Villarrobledo?

Fachada del antiguo Instituto Laboral “Virrey Morcillo” de Villarrobledo, donde cursó estudios de bachillerato Faustino Parras. (Foto Historia y Gentes de Villarrobledo)

Muy sencillo, Faustino Parras, el  ingeniero nuclear de Don Benito, había cursado sus estudios de bachillerato laboral en nuestro viejo instituto del Parque de los Mártires o Joaquín Acacio; el instituto “Virrey Morcillo”, donde uno inició el bachillerato y, al segundo año, ante mi total incapacidad para estudiar, mis padres decidieron que abandonara y empezara a trabajar en el oficio de carnicero, la profesión de mi querido padre.

Con Parras recordamos aquellos años de finales de los 50, nombrando amigos y compañeros de clase que ambos conocíamos. Él, como otros estudiantes foráneos, vivía en el edificio de lo que fue la clínica del Dr. Gayarre, justo enfrente de lo que fue el Bar Agraz, lo que entonces era la casa de los Losa-Torres.

Faustino tuvo la delicadeza de ofrecerme datos y planos sobre la nuclear de Chernobyl. Estuve dos días en Madrid, donde Parras residía habitualmente, para empollarme sobre fisiones y otros pormenores nucleares y poder realizar un reportaje con una base informativa y científica sólida.

El reportaje, publicado en la revista Interviú, contenía seis páginas, y fue vendido por una cantidad importante de la época, con la satisfacción personal que supuso para uno, ya que mí trabajo fue publicado en una revista que, en aquellos años, llegó a vender un millón de ejemplares semanales. Fue una experiencia única que jamás podré olvidar. Interviú fue creada en 1976 y cerró sus ediciones en 2018 con más de 40 años de historia.

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