Sociedad

Ismael Belmonte: poeta del pueblo, del amor y de la tierra

 

Santos García Catalán

 

Vaya mi recuerdo para este gran poeta y taurino, que nos abandonó en pleno estado de madurez y perfección. También para Angel Laguía quién vivió una etapa interesante de periodismo gráfico. El caso es hablar de mi querido Villarrobledo.

Ha caído en mis manos “Brindis por la fiesta”, un poemario taurino de Ismael Belmonte editado por la Diputación Provincial de mi tierra albaceteña. Es el ejemplar número 47, de impecable y lujosa encuadernación, con papel verjurado, (de ese que palpas y notas que es recio y a la vez sutil) e ilustrado magníficamente por Emilio Sánchez Rufino.

Fue una edición de 500 ejemplares de 1991 y apenas existen. Pero me lo había prometido mi amigo y paisano Luis Fernando Angosto Madrid y, tras conseguirlo, por fin llegó. Con Angosto, que a pesar de la distancia, -él en Sevilla y servidor en Valladolid- nos seguimos llamando y wasapeando de “contino”, que dirían en nuestro pueblo.

Angosto, quien fuera secretario de la UCD en la “Nueva York de La Mancha”, -dixit Azorín- ha removido cielo y tierra hasta conseguir varios ejemplares: uno que está camino de Segovia a nombre de Gonzalo Santonja (catedrático y director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua). Otro para él mismo ( con “chicuelina” incluida), y el tercero ya citado que obra en mi poder y es motivo de este artículo.

El ex secretario de la UCD sigue “parando, mandando y templando” como en sus mejores tiempos. Y para ello hay que echar mano de los amigos como el bueno y generoso de Emilio García, otrora factótum de la obra social de la Caja de Ahorros Provincial.

Y de inmediato empecé a leer a Ismael Belmonte, a quién conocí en mi etapa de corresponsal de La Verdad en Villarrobledo. Ismael, quién nos dejó a los 52 años, falleció en octubre de 1981. Unos días antes del triste suceso, me llamaron de redacción para que cubriera una cacería del rey emérito en la finca de Samuel Flores, (El Palomar en Povedilla) ya que Ismael, quien se encargaba de ello cada año, no podía acudir. El pobre de Ismael estaba en las últimas.

Y allá que nos fuimos con mi gráfico de cabecera, -Angel Laguía (†)– para plasmar, él con su cámara y yo con la pluma, lo ocurrido en aquella jornada cinegética, campera, torera, gastronómica e inolvidable.

Relatado el improvisado viaje por tierras serranas albaceteñas, volvemos al libro poético de Ismael Belmonte, que repasé embebido sus 28 páginas de “Brindis por la fiesta”, donde el poeta que fuera pastor y agente comercial se recrea imaginando una corrida de toros con todos sus componentes; desde que se abre el portón de cuadrillas, hasta la estocada certera final que culmina una tarde de triunfos.

E incluso, añade en los inicios a un maletilla y a un becerro recién parido como símbolos de los sueños y de lo agreste del campo bravo:

¡Qué parto entre los jarales

desde un vientre de bravura

para ser la criatura

que miman los mayorales!

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