Sociedad

Las muertes de mis paisanos de Villarrobledo afloran recuerdos de la niñez. Por Santos García Catalán


Ha fallecido Teresa Torres, maestra del colegio “Virrey Morcillo”, viuda del que fuera lateral del C.D. Villarrobledo y hermana de mi amigo Jesús. Yolanda, una de sus hijas, labora en la empresa alicantina de mi hijo mayor.
Son muchos los que están cayendo por la pandemia dichosa que nos han enviado seres anónimos. Malditos seres anónimos. Serían interminables los obituarios a editar en recuerdo de todos ellos.

Pero en esta ocasión debo centrarme en uno reciente que me ha causado tristeza como es la muerte de Teresa Torres. Una sencilla y guapa maestra de escuela de 82 años que, además de sentimiento, me ha traído aquellos imborrables y hermosos recuerdos de la niñez.

Teresa era conocida en nuestro Villarrobledo por sus amistades y familiares, pero no había popularidad de por medio. Sin embargo, sí la tuvo su esposo, fallecido prematuramente. Él era Ignacio Bello. De los Bello, industriales y artesanos de cisternas y otros menesteres relacionados con la vinicultura y el transporte de líquidos.
Pero, además, Ignacio fue futbolista del C.D. Villarrobledo de los años 50-60, iniciando su actividad del balompié en el viejo campo de San Antón con los equipos de la Falange y Acción Católica. Con el Villarrobledo, Ignacio Bello ganó la Copa de España de 1957, ganando al Ceuta por 2-0 en el Campo de la Virgen.

En la fotografía que hemos extraído del libro “Villarrobledo y su fútbol”, de Lorenzo Moreno Nava, vemos a Ignacio el sexto por la izquierda. Los nombres de la fotografía de izquierda a derecha, de pie: Abilio (entrenador), Arturo, Bonillo, Coloma, Picardías, Bello, Navarro y el directivo Ramón Moreno. Agachados: Calvas, Aurelio, Andréu, Pacucho y Castro.

Volviendo a Teresa, la vía de amistad que nos unía era a través de sus hermanos Jesús y Benito. Había otra hermana, la mayor, de nombre Paz. Con Jesús, fundamentalmente, también fallecido de muerte prematura, pasé mi infancia jugando al fútbol en las eras de Santa Lucía.
Mi amigo Jesús era alto y espigado, mayor que yo, y recuerdo vagamente la fragua y herrería de su padre (Benito) en lo que ahora es el Pasaje de La Estrella. Jesús emigró a Barcelona muy joven, mientras que Benito, su hermano, estuvo en un colegio de frailes sin llegar a finalizar la carrera.
Luego, con el tiempo, llegué a conocer a una de las hijas de Teresa e Ignacio: Yolanda Bello Torres, ejecutiva en el Grupo Nego; la empresa alicantina que mi hijo Santi, el primogénito de la familia, comparte con Salvador Bellver, además de íntima amiga de mi querida y adorable nuera María Pérez, de “Los Caja” de toda la vida.

En fin, vayan mis condolencias para los hermanos e hijos de Teresa Bello.

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