Sociedad

Más muertes inesperadas en mi querido Villarrobledo. Por Santos García Catalán y Domingo Camacho

A la del mítico Aurelio Fernández se unen las de otros amigos y conocidos; unos por la naturalidad de la vida y otras por el virus que nos asola.

Negros nubarrones acechaban esta tarde a Valladolid. Y negros nubarrones en forma de noticia luctuosa llegaban estos días desde mi querido Villarrobledo. Y eso me recordaba a aquella oda a lo macabro de Espronceda llamada “La desesperación”: me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar”…

Aunque mayor, nunca esperas el desenlace final. Me refiero al mítico y venerado Aurelio Fernández, que hace unos días entregaba su cuerpo a la tierra, mientras su alma vagará eternamente entre los tres palos de la portería imaginaria que le diera gloria, honor y popularidad.

Porque Aurelio fue un porterazo de los que marcan época. Me decía mi amigo y paisano Luis Fernando Angosto (qué lejos queda Sevilla), siempre atento a las noticias que le llegan desde el pueblo, que Aurelio, en esta época del fútbol tan profesionalizado, hubiera llegado mucho más lejos de lo que llegó.

Aurelio, a quién conocí de cerca en mi etapa de corresponsal, era un auténtico dandi, tanto en el césped debajo de los palos como en la calle. Alto, bien parecido, elegante y encima paraba balones increíbles. Las “palomitas” de Aurelio eran sobradamente conocidas por su espectacularidad.

Y además mandaba en sus defensas con criterio. Luego pasó al campo de los sufridos entrenadores, aunque nunca dejó su labor como administrativo de una labriega casa grande de nuestro pueblo. Era un asiduo del bar de mis hermanas (Los Santos) para desayunar, y ellas me informaban continuamente de su delicada salud hasta que llegó el final. Descansa en paz, mister.

Y me llegan más nubarrones negros anunciando muertes de gentes jóvenes que aún querían seguir aferrándose a la vida como la de José Merino Bellón, hijo de otro personaje popular del fútbol local como fue Merino, el eterno utillero de nuestro club de fútbol. ¡Era impensable que hubiera fútbol en Villarrobledo sin Merino!

Pues bien, su hijo José, fue entrenador del equipo juvenil y de la escuela de fútbol -no sabía que había escuela de balompié en el pueblo- y directivo del Club. En el plano laboral trabajó desde muy joven en la Imprenta Cervantes, de mis amigos los Díaz, hasta su cierre. Posteriormente, me informa Miguel Parreño, el dire de este medio, estuvo en una escuela-taller del Consistorio hasta que montó Alrevi, su empresa de reciclados.

José Merino padecía del corazón, además de una neumonía que es lo que se lo ha llevado por delante. ¡Maldito virus!
Y esta misma tarde, me dicen que Julio Palazón Alumbreros también ha fallecido debido a sus frecuentes dolencias cardiacas. Julio, además de vecino en nuestra etapa de la calle de la Estación, era amigo de la infancia y adolescencia.
Los Palazón eran muy conocidos en décadas anteriores por sus trabajos de calderería y cisternas. En primera instancia con los Bello, en el siempre denominado popularmente “Solar”, junto al Parque, y luego en solitario, en los bajos de la casa de la calle de la Estación y en la calle Nueva. Vaya mi ánimo y desconsuelo para sus hermanos: Paco, Cari y Carmen. Y obviamente para la familia de Julio.

Y cito a Mari, esposa de Pedro Tornero Rodrigo. Mari ha sido la última víctima de este terrible azote. Con Pedro Tornero nos unían lazos colegiales, y luego se acrecentaron ya que es primo carnal de mi querido cuñado Guillermo Almansa Rodrigo, quién desgraciadamente ya no está con nosotros. Mari y Pedro son los suegros de Amalia Gutiérrez, Concejala de Hacienda de nuestro Ayuntamiento.

Vaya para ellos nuestras condolencias.
Por último, aprovecho la ocasión que me brinda Parreño -por permitirme expresar mis sentimientos y mis escritos en su diario-, para dedicarle unas líneas a NINO; otra gloria del fútbol local que se nos fue hace unos días víctima de su achacoso corazón. Y ello se lo he pedido a mi buen amigo y compañero de tareas radiofónicas Domingo Camacho, director regional de la Cadena SER Murcia. Buen aficionado y conocedor del fútbol a altos niveles.

“A Nino le recuerdo de sus años de juvenil. Empezó jugando con el 11 a la espalda. Bien parecido, con el pelo ligeramente largo, sus maneras recordaban al gran ídolo llegado a España por aquellas fechas de octubre del 73-: Johan Cruyff. Era sin duda la figura de aquel equipo juvenil que ya entrenaba el gran Pepe García. Vicente, el confitero era el extremo derecho y destacaban entre otros el pelirrojo mediapunta Parra (sobrino de nuestro amigo Alfonso, el pintor), los centrocampistas Salazar o Pedro del Toro o el imponente central Antonio Losa Fuentes, un prodigio que destacó más en tierras valencianas que en su propio pueblo.

Incorporado al primer equipo por el triste y recientemente fallecido Aurelio Fernández, cambió a la banda derecha. Con el 7 a la espalda era la sensación en aquel Grupo 13° de la Tercera División murciana. Era rápido, hábil y con gol. Con el paso del tiempo y ya en el grupo madrileño y después el castellano-manchego, Jiménez Piñero (histórico volante del ascenso de 1961), le retrasó al lateral derecho dónde jugó muchas temporadas portando el brazalete de capitán de su C.P. Villarrobledo, dónde hacía alarde de su experiencia, fortaleza (acabó siendo un jugador muy potente) y profundidad, fruto del fútbol preciosista de sus inicios. Tan grande como persona como lo fue de futbolista. Su muerte ha entristecido al pueblo que tanto le aplaudió”.

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