Cultura

“Pepe Cortés”, un ilustre bohemio villarrobledense. Por Santos García Catalán

Pepe vivió la vida intensamente, amó a su terruño con la ternura de un niño y triunfó con rotundidad en dos facetas bien distintas: la pintura y la venta de seguros, además de la de un bohemio empedernido, pero con clase.

Ya está en mi librería la autobiografía de José Núñez-Cortés Acacio (“Pepe Cortés”) que, tal y como prometió mi amigo José Antonio Castellanos, llegó puntual a Valladolid, con dedicatoria y el dibujo de un “natural” incluido. Gracias, como ya quedó reflejado, a la intermediación de nuestro común Luis Fernando Angosto.

Una narración ordenada y escrita por el periodista de Villarrobledo Juan Martínez Moreno, hijo de Manolo “El sacristán”, quién fuera asistente de San Blas y posteriormente ermitaño de la Virgen de la Caridad, nuestra patrona.

Juan Martínez ha sabido conjugar todo lo que Pepe le fue dictando y contando en estas doscientas páginas. Aunque a veces, conociendo a Pepe, lo volvería medio loco por lo puntilloso que era nuestro personaje. “Pepe Cortés”, como era conocido en Villarrobledo, era un bohemio muy parecido a alguno de los personajes de Galdós, aunque nuestro artista nunca fue un atrabiliario.

Lo cierto es que la narrativa de la obra se va desarrollando en capítulos con denominaciones y léxicos eminentemente taurinos. Porque Pepe era, ante todo, un taurino de los pies a la cabeza. Luego vendría lo de los seguros, donde triunfó plenamente y le permitió llevar una vida holgada hasta el fin de su vida.

Memorable la frase de Pepe sobre sus artilugios pictóricos:”El caballete, la paleta y los pinceles son como el capote, la muleta y la espada del torero”. Para luego proseguir argumentando la similitud entre los distintos instrumentos de la pintura y la lidia.

Sus aventuras albaceteñas, murcianas y madrileñas delatan las inquietudes en su juventud de este personaje irrepetible. Los festivales benéficos, donde pudo plasmar su arte taurino, la brillante etapa de concejal de festejosy su pintura -con el logro de ilustrar una portada de “El Ruedo”-, sin olvidar la peripecia del traslado de su amigo “El Chinche” tras la cornada en Munera, son un auténtico deleite de leer por el recuerdo que a muchos paisanos les traerá.

Uno tiene recuerdos imborrables de Pepe como el telegrama que, junto a Pedro María Solana, me enviaron a Valladolid cuando me hice cargo de la Cadena SER en Castilla y León. Luego le correspondería organizándole una exposición en la sala del BBV donde acabó vendiendo casi toda la muestra.

Una de sus obras permanece en “La Criolla”, el restaurante de mi amigo Paco Martínez quién adquirió el cuadro.

Y no puedo olvidar la cara de satisfacción, y a la vez de asombro, cuando me presenté en su casa con Roberto Domínguezenuna noche lluviosa de octubre. El diestro venía de estoquear un corridón de toros de Concha y Sierra en Consuegra -fue en 1990-, el año de las 100 corridas-.

Yo le acompañaba porque tenía que recoger un premio en la Peña Taurina de Villarrobledo como triunfador de una feria anterior y me presté a ello. También porque entonces estaba inmerso con su biografía y necesitaba datos de primera mano.

Cuando Pepe abrió la puerta, a las 11 de la noche, y nos vio no sabía qué hacer. Estaba como un niño el día de Reyes. Al final, su persuasión obtuvo la recompensa con un vestido de luces que le regaló el torero de Valladolid. En definitiva, una lectura amena que me ha trasladado a tiempos felices, a tiempos de recuerdos, a tiempos de sueños. Porque Pepe, entre otras cosas, era un soñador y te hacía soñar.

He querido ilustrar el artículo con algunas obras y dibujos que he ido guardando de Pepe a lo largo de los años, además del dibujo de Castellanos. Felicitaciones navideñas, una caricatura personal que tiene su gracia, y una acuarela que le compró El Corte Inglés para obsequiar a los miembros del jurado del desaparecido trofeo taurino “Campogrande”.

Hay una foto  que tiene su enjundia. Fue en Bienservida en los años 80 y toreaba entre otros Manzanares. Ese día, invitado por Pepe, cubrí para La Verdad el tradicional festival que organizaba su íntimo Samuel Flores. Y le pedí a Pepe un apunte para mi crónica. En un trozo del cartel, y en un santiamén, Pepe plasmó con un bolígrafo al maestro alicantino. Y ahí quedó para la historia. Pepe era genial.

Pepe tuvo la delicadeza de citarme en su obra cuando el capítulo de su exposición en Valladolid en 1990. Cumplidor como un luto,  que diría mi amigo “Paco Criollo”.

El libro, que presenta en la portada una preciosa y expresiva foto de Manolo Moreno “Manolo fotos” (otro interesante villarrobledense desaparecido e íntimo de Pepe), fue diseñado por Miguel Núñez-Cortés (hijo de Pepe) y se terminó de escribir en 2002. Dos años más tarde salió la primera edición.

Está impreso en Gravisal (Villarrobledo), y editado por el Ayuntamiento de Villarrobledo y la Diputación Provincial. Al parecer ya no quedan ejemplares, por lo que me siento muy agraciado al recibir este regalo de Reyes de mi amigo Castellanos.

P.D. Pepe tiene su calle en su Villarrobledo, en el Barrio de los Pintores, (aunque él hubiera preferido el “Barrio de los Toreros”, si es que existe) donde comparte ubicación con los Goya, Velázquez, Sorolla,etc. Es decir, con los grandes. Porque “Pepe Cortés” fue un grande. Y por ello merece un gran homenaje. Lanzo el reto.

P.D.2: Pepe era un enigma en torno a su edad. Jamás supimos los amigos el año de su nacimiento. Siempre rehuía a esa conversación !Verdad, Luis Fernando¡.

FOTOS DE PEPE CORTÉS PORTADA




SANTOS GARCÍA CATALÁN

Categories: Cultura, Sociedad

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