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Una alternativa necesaria. Por Julián Cantero

Villarrobledo

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By Julián Cantero.
Ha sido necesario que los votantes dijeran basta para que se abriera una crisis anunciada desde que Zapatero dejó el poder.

Una democracia sin alternativa no es una democracia. La alternativa desaparece cuando el cambio es más de lo mismo, cuando no existe una política económica diferenciada, sin una conciencia clara de lo que se quiere transmitir, de las prioridades de gobierno. La alternativa se esfuma cuando no se sabe muy bien a quién dirigirse, cuando los mensajes se mimetizan y las opciones no ofrecen valores añadidos que resten votos al adversario. Del 25M sale un PP muy debilitado pero salvado por el estado agónico del Partido Socialista. El PSOE se ha dejado llevar por la corriente económica dominante, por una política que no tiene en cuenta a los perdedores, que favorece a los poderes financieros, que trabaja por la élite y sucumbe a sus intereses contramayoritaros. Los partidos ascendentes tampoco configuran hoy por hoy un proyecto real capaz de arrebatar la hegemonía al bipartidismo.

La alternativa es una urgencia que los socialistas no pueden dejar pasar, antes de que proliferen los gobiernos de concentración bipartidista que, desde que Alemania optó por esta vía, parecen ser el sueño de los poderes económicos para cerrar la puerta a las múltiples expresiones de malestar que recorren Europa. El PSOE debe reconstruirse como alternativa, y para ello es necesario atender los mensajes que llegan desde la militancia y desde la ciudadanía. No es sólo cuestión de rostros y de liderazgos, los socialistas necesitan ideas, programa y, en definitiva, un nuevo proyecto político.

La socialdemocracia europea se ha quedado sin referentes en los que fijarse, sin identidad y sin estilo propio. Dice Ignacio Ramonet: “Mientras las izquierdas europeas consagraban, en los últimos dos decenios, toda su atención y su energía a –legítimas– cuestiones societales (divorcio, matrimonio homosexual, aborto, derechos de los inmigrantes, ecología), al mismo tiempo unas capas de la población trabajadora y campesina eran abandonadas a su –mala– suerte. Sin tan siquiera unas palabras de compasión”. Es verdad, los avances sociales de los últimos años han llegado por la vía de la izquierda, pero no ha sido suficiente para asegurar un voto disperso, deteriorado y que exige nuevas formas de comunicación. La crisis ha sido un examen para la socialdemocracia: el poder económico dominante ha enseñado sus colmillos, ha pintado los cimientos de la sociedad con un nuevo lenguaje, basado en clichés- como “austeridad”, “ajustes”, “esfuerzos”…- que ha asumido la izquierda sin rechistar. Ha calado la terrible idea de que no hay alternativa, que pone a la derecha como heroína legítima del fracaso, como gurú político para salir de la crisis. Los socialistas no han tenido coraje para mirar a la cara a las víctimas de esa tropelía, han preferido asumir el mensaje contaminado del llamado neoliberalismo.

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Algunos dirigentes históricos del PSOE se ofenden cuando se les llama “casta” o se les pone del lado del PP en cuestiones tan fundamentales como la economía o la corrupción. En el Parlamento Europeo, los socialistas apoyan deliberadamente las políticas del Partido Popular Europeo en materia económica. Aquí en España, los socialistas apoyaron al PP para hacer una reforma express de la Constitución. ¿De qué se sorprenden prohombres como Felipe González, Alfonso Guerra, José Bono o Rodríguez Ibarra? Los nuevos partidos como Podemos han atacado de lleno la hipocresía socialista, hasta tal punto de que la forma más original de responder por parte del PSOE ha sido el insulto. El 25M, sus resultados y sus conclusiones, son como un cañón de agua a presión capaz de limpiar la suciedad que duerme en los rincones del PSOE. Saben muy bien que han dejado de ser alternativa, que su billete a la marginalidad política ya está comprado, y que la única vía posible de resurrección es un cambio de estrategia profundo, es la asunción de que los últimos comicios europeos han expresado un grito de refundación que sólo los más orgullosos o incautos pueden desaprovechar. Ha sido necesario que los votantes dijeran basta para que se abriera una crisis anunciada desde que Zapatero dejó el poder.

La democracia española se juega mucho: la alternancia al PP es una necesidad imperiosa. Y ahora mismo los socialistas tienen que liderar ese cambio, pero además tienen una responsabilidad mayor: presentarse como alternativa a los nuevos partidos surgidos tras las europeas y, además, mostrar predisposición a una sinergia ideológica capaz de desbancar para siempre a la derecha. ¿Serán capaces?

¿Serán capaces de plantear una reforma fiscal para que paguen más los que más tienen? ¿Serán capaces de impulsar una reforma de la Constitución para sanear lo podrido y dar más poder a los ciudadanos? ¿Serán capaces de liderar una alternativa de izquierdas que represente a la empobrecida clase media y a los apaleados por las políticas de exclusión? ¿Serán capaces de cerrar puertas al oportunismo y consolidarse como una fuerza necesaria que aglutine el malestar general? De momento, el PSOE ha inicado el camino de las personas-importante en la era de la comunicación-, pero le queda el camino más trascendental, el de las ideas. Esperemos que no queden atrapados, una vez más, en la canción de la impotencia.

By Julián Cantero

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