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Parálisis cerebral infantil (PCI). Por María Teresa Montejano, fisioterapeuta

Villarrobledo

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En nuestro articulo de esta semana nos vamos a centrar en un problema de salud que genera una gran discapacidad en la infancia, el cual requiere un tratamiento y seguimiento continuo y exhaustivo durante todo la vida del paciente, claro está, diferenciando este por fases y necesidades según en la etapa de la vida en la que se encuentre.

La parálisis cerebral infantil, a la cual nos referiremos en adelante como PCI, es un conjunto de trastornos motores causantes de una alteración del desarrollo del movimiento y de la postura, aunque generalmente irá asociado a otro tipo de problemas como ortopédicos visuales, respiratorios, digestivos, del lenguaje, retraso mental…

Este problema viene provocado por una afectación del cerebro en un momento concreto que puede ocurrir dentro de una etapa que abarca desde el momento de la gestación hasta los 3 años, aunque según algunos profesionales puede llegar hasta los 5 años de edad (momento en el que el cerebro alcanza el 90% de su peso), y suele aparecer en 2 de cada 1000 niños. Las causas que lo provocan pueden darse como comentábamos antes, en diferentes momentos, como el embarazo (prematuridad, fallos genéticos, abortos frecuentes, alcohol, edad avanzada de la madre…) parto (sufrimiento fetal, traumatismo cerebral, hemorragia intracraneal, anoxia…) o los primeros años de vida (meningitis, encefalitis, enfermedades infecciosas, traumatismos, deshidratación, anoxia postnatal…)

Al igual que en todo problema de salud, en este tipo de trastornos es imprescindible un precoz y correcto diagnóstico médico con el objetivo de atajar cuanto antes el problema en ciertas enfermedades y evitar el máximo de lesiones posibles en otras; así mismo importante es comenzar cuanto antes con el tratamiento adecuado. Este diagnóstico se realiza mediante un examen clínico en el que se valoran a través de distintas pruebas, los reflejos primarios y posturales, el desarrollo psicomotor del niño, tono muscular así como los factores de riesgo que anteriormente comentábamos, a los cuales se unirán pruebas de neuroimagen.

Dentro de las PCI, hay varios tipos los cuales se pueden clasificar:

  • según la sintomatología:

*espástica: gran rigidez muscular, hiperreflexia, piernas en posición de tijeras

*disquinética: fluctuaciones de tono, movimientos involuntarios

*atáxica: hipotonía, incoordinación

*hipotónica: hipotonía muscular con hiperreflexia osteotendinosa (poco frecuente)

 

  • según el grado de lesión:

*severo

*moderado

*leve

 

*   según la distribución:

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*tetraparesia: afectación de todo el cuerpo

*diplejía: afectación de todo el cuerpo pero con mayor grado las extremidades superiores

*monoplejia: solo una extremidad

*hemiplejia: solo un lado del cuerpo

 Estas clasificaciones se utilizan conjuntamente, combinándolas entre sí ya que puede aparecer casos de PCI espásticas con distribución tetraparésica o hemipléjica entre otros, lo que si podemos decir es que la mas frecuente suele ser la espástica apareciendo en un 75% de los casos, y si esta va asociada a la afectación tetraparésica llega a ser la combinación mas grave.

El tratamiento en PCI es muy importante tanto en los primeros momentos como en etapas mas avanzadas donde este se centrará mas en un tratamiento de mantenimiento. Para ello es necesario un equipo multidisciplinar en el que los profesionales trabajen conjuntamente y donde fluya la información con el objetivo de proporcionar la mejor cobertura terapeútica al niño. Este equipo debe estar formado por un neuropediatra, fisioterapeuta, ortopeda, psicólogo, logopeda, terapeuta ocupacional, trabajador social y pediatra de atención primaria entre otros. El tratamiento debe ser individualizado y personalizado con el objetivo de atender todas las necesidades del niño en concreto, ya que cada uno tendrá unas determinadas. Dentro del tratamiento es muy importante la ayuda de la familia y del resto del entorno educativo, siendo estos los que van a pasarán la mayor parte del tiempo con el paciente, y deben conocer tanto las necesidades como los tratamientos que se lleven a cabo para que sirvan para mantener un optimo estado físico y mental dentro de las posibilidades, así como para que el niño se sienta integrado en su entorno social y educativo. Cabe destacar la necesidad de intervención de los servicios sociales y administraciones públicas para proporcionar suficientes medios, humanos y técnicos, siendo imprescindible en su desarrollo motor y cognitivo, ya que no todas las familias disponen de medios económicos que puedan permitir una calidad de vida a estos niños, los cuales tienen el mismo derecho a recibir una optima cobertura sanitaria , educativa y social que el resto.

En cuanto a la fisioterapia hay distintos métodos que se suelen utilizar para el tratamiento de PCI según el objetivo que queramos trabajar, entre ellos el método Bobath es uno de los mas utilizados para trabajar el tono muscular y poder facilitar un mejor movimiento del niño. Otros técnicas como el método Vojta, Kabat,… también son utilizados, así como ejercicios respiratorios, masoterapia, cinesiterapia, hidroterapia… En ocasiones el tratamiento dependerá también de la situación del niño, ya que normalmente este tipo de pacientes sufren a lo largo de su vida diferentes intervenciones quirúrgicas, siendo dados a sufrir complicaciones ortopédicas, lo que influirá como decíamos transitoriamente el tratamiento a realizar.

Lo que si se debe tener claro es que desde el primer momento se debe llevar a cabo un tratamiento multidisciplinar, integral y personalizado, así como incluir dentro de los objetivos la integración del niño dentro de su entorno familiar y educativo, intentando que las limitaciones ambientales y sociales sean las mínimas posibles para que este posea una optima calidad de vida.

María Teresa Montejano-Fisioterapeuta

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