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Opinión: “Se rompe el tablero”. Por Antonio Santos y Manuel Clemente

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EL SISTEMA DE PARTIDOS EN ESPAÑA BUSCA UNA NUEVA POSICIÓN DE EQUILIBRIO

La situación política, y más concretamente el juego de partidos políticos predominantes en el Estado español está en situación de equilibrio inestable. La crisis interna que está escenificando el partido socialista en los últimos días viene a poner de manifiesto lo inestable que resulta el sistema de partidos políticos de que dotaron a España en la última transición política, cuyo referente más simbólico es la Constitución de 1978.

La transición política en España se produjo porque algunos partidos políticos de la oposición al régimen franquista aceptaron ciertas exigencias de la oligarquía (más económicas que políticas) vencedora de la
guerra. Exigencias que llevarían a calificar a la transición de baja intensidad. Pues, entre las exigencias estaba la conformación de un sistema de partidos que diera apariencia de pluralidad en cuanto a la realización de declaraciones. Pero que a la hora de gobernar sólo pudiesen alternar aquellas fuerzas políticas que compartiesen unos principios básicos: economía de mercado, olvido de los años de fascismo, el reconocimiento de derechos sociales supeditados al privilegio de las clases sociales dominantes, una visión nacionalista del Estado español (el españolismo), etc.

Es en este contexto de treinta y ocho años de convivencia bipartidista (sistema bipartidismo imperfecto se le denomina técnicamente) el sistema de partidos necesita, como mínimo dos de éstos, porque si no estaríamos ante un sistema autoritario, que, además dañaría bastante la imagen democrática y no hubiese logrado la equivalencia de las democracias europeas. En este sentido, el papel jugado por el PSOE y el PP ha contribuido a facilitar un sistema de juego de partidos y de alternancia de gobierno bastante estable. El juego de partidos facilitaba la diversidad de opiniones y la ley electoral proporcionaba las mayorías necesarias para que los partidos institucionales gobernasen. Esta estabilidad se ha conseguido mientras no irrumpieran en el sistema nuevos actores que alterasen el orden establecido. En realidad el sistema estaba diseñado para que fuesen sólo dos los partidos hegemónicos.

La inestabilidad se produce, en primer lugar porque no hay sistema perfecto, siempre hay rendijas por donde se filtran elementos desestabilizadores, que se lo digan a la Unión Soviética por ejemplo. En segundo lugar, porque la situación del PSOE venía siendo delicada desde la época de Zapatero quien no supo administrar los buenos resultados macroeconómicos pre-crisis. Zapatero no fue capaz de introducir una agenda social en las políticas públicas que contribuyese a redistribuir las plusvalías que generaba el capitalismo en ese momento. Por el contrario se limitó a dejarse llevar por la bola neoliberal (recuerden aquello de “bajar impuestos también es de socialista”). Finalizado el ciclo de bonanza, los capitalistas quisieron recoger los beneficios, se acabó “la barra libre” y vino el compañero de partido y, a la sazón, Comisario Europeo, el señor Almunia y le entregó a Zapatero la famosa carta, en realidad hoja de ruta, en la que se establecía los recortes y las modificaciones legales que debían producirse para que los jefes europeos viesen con buenos ojos al Estado español. Así el 10 de mayo de 2010 en el Parlamento el Presidente Zapatero, en tono solemne y aun sabiendo que estaba cavando algo más que su propia tumba política: en realidad empezó a cavar la tumba del PSOE tal y como lo veníamos conociendo hasta ahora (de aquellos polvos estos lodos), declaró los famosos recortes, y meses después, en agosto y con la complicidad de su adversario el PP, la modificación de la Constitución, la famosa reforma del artículo 135.

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A todo este conjunto de decisiones, habría que introducirle la percepción social de corrupción en el que se desenvolvía la escena pública e institucional, los famosos casos de corrupción que empezaban a destaparse: Gürtel, los desahucios entre la población más vulnerable, que generarían una sensación social de invulnerabilidad entre unas élites políticas, pero también económica en contra del pueblo. “Para remate feria” en 2011 surge el 15M, movimiento popular horizontal y que cuestionaba de muy distintas
formas, y distintos argumentos, los fundamentos del sistema político, económico y social: el “no nos representan”, “no hay pan para tanto chorizo”, y tantas otras consignas que representaban el malestar de la población y “la urticaria social” a unos políticos que no hablan más que para los picos de su camisa.

En este contexto surge un partido nuevo que en principio parece catalizar esta situación:Podemos. No sabemos si se consolidará como un partido que pueda culminar las esperanzas de regeneración, lo que sí tenemos claro es que no va a abanderar ninguna revolución. Sin embargo sí introducirá un
componente importante para entender la crisis actual del PSOE, y es que una parte (no sabemos si mayoritaria o no) de su militancia también se identifica con la necesidad, cuando menos, de regeneración del ámbito político e institucional.

Las fracciones en litigio existentes en el PSOE vienen a establecer las doscaras en las que se mueve el sistema de partidos. Por un lado quienes desean que se vuelva al equilibrio de los últimos treinta y ocho años: cambiar para que todo siga igual, para ellos el nacionalismo españolista es fundamental: España primero y después el partido es lo que vienen a decir, luego hay que facilitar la gobernabilidad. Por el otro lado un grupo de, no lo olvidemos, burócratas del partido, que se han dado cuenta que no se puede poner solución a los problemas con remedios que han provocado el caos actual. Con esta segunda fracción pareciera que el equilibrio de partidos pudiera encontrarse en un centro izquierda que renegase de aquellas inercias reaccionarias de los gobiernos de los últimos años y de la forma de administrar el partido, de aquí el persistente recurso a que todo sea ratificado por la militancia.

Debemos entender que lo que está sucediendo en el PSOE no solo es una guerra por el poder como muchos están concluyendo. Esta lucha por el poder es para evitar que el PSOE pueda tomar decisiones que le lleven a participar en la desestabilización del Régimen del 78, del bipartidismo que tapa la falta de democracia, de un sistema antiguo donde la oligarquía manda y los demás obedecen maquillado por la falsa transición, de un sistema caduco que recibió una mano de pintura pero que al final solo buscaba la salida económica del sector económico inmovilista hasta aquel momento que necesitaba de un nuevo orden político liberal que defendiera el libre mercado para seguir enriqueciéndose a costa de este país. El control del PSOE solo tiene un objetivo y lo están dejando claro, mantener este sistema injusto y poco democrático cueste lo cueste, incluso su partido. Si no lo puede sustentar el PSOE que lo haga el PP. Para muchos esa solución es mejor que cambiar, sin cuestionarse las ventajas del cambio, porque para ellos no las tiene en tanto que prefieren a la oligarquía económica, esa que les abrirá la puerta al enriquecimiento fácil una vez que dejen lapolítica, eso sí, en pago por los servicios prestados.

Antonio Santos
Manuel Clemente

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