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Nuevo golpe a la libertad de expresión

Villarrobledo

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JULIÁN CANTERO. Elmundosindios.blogspot.com.es
En democracia, al igual que no es necesario pedir permiso para manifestarse, sólo basta con comunicarlo, tampoco es necesario que te lo concedan.

Soy partidario de la libertad de expresión con muy pocos límites y cada límite me parece mortal. Siempre pecaré más por exceso que por defecto. Me parece que cuando se ponen límites a la libertad de expresión estamos siempre entrando en un terreno peligroso porque se sabe donde se ponen, pero no se sabe donde terminan.

Puede ser de mal gusto, puede ser de muchas cosas, pero no impediré que alguien diga una cosa porque sea de mal gusto. La libertad de expresión en principio tiene un límite que es el cometer delito sobre los demás y mientras no se cometa un delito, incluso así, en algunos espacios, creo que más bien se tiene que ser generoso, que no se puede estrechar demasiado el cerco. Puedo denunciar por escrito a una persona porque considere que lo que ha dicho es falso, pero nunca impediré que diga lo que quiera. Por ejemplo, hemos conocido que la justicia rechaza la demanda contra un obispo por comparar el matrimonio gay con el de un hombre y un perro. Es moralmente reprobable, y más viniendo de donde viene, es poco cristiano y además no tiene sentido, pero el señor obispo antes que obispo es ciudadano, y tiene derecho a decir lo que le plazca, aunque lo realmente grave sea lo que piensa.

La conciencia de las libertades y de los derechos fundamentales del hombre es un asunto que los buenos gobernantes deberían asumir como un código de conducta inviolable del que jamás puedan apearse. Sin embargo, este Gobierno parece muy preocupado por lo que se diga, por la escenificación del malestar en los espacios públicos. Se prohíben manifestaciones apelando al orden público, se extende la sospecha entre los ciudadanos, se argumenta en contra de la libertad de expresión con el uso de prejuicios sobre la ciudadanía y la propia democracia. Un gobierno que desconfía de sus ciudadanos no puede ser un buen gobierno.

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La derecha ha hecho de la prohibición su forma de ser. Se restringen derechos de los trabajadores, se le pone límite a la libertad de las mujeres, se estrecha el espacio de manifestación, se criminaliza al que protesta, se vigilan las redes sociales… ¿Por qué esta obsesión de ver a los ciudadanos como si fueran una amenaza para el ejercicio del poder? En vez de conseguir el buen funcionamiento de los democráticos instrumentos de expresión y participación ciudadana, la derecha pone obstáculos a la libertad apelando a la seguridad y al orden público. Con esas mismas razones se prohibe la manifestación republicana convocada para el jueves, día de la coronación del nuevo monarca. Se argumenta en contra que el itinerario coincide en parte con la procesión institucional que acompañará a los nuevos reyes. ¿Qué problema hay? ¿Acaso no se pueden expresar dos opiniones diferentes en un mismo espacio? Si el problema es el espacio, ¿por qué no permitir que la ciudadanía exprese lo que le dé la gana mientras no interrumpa el cortejo real? Y si lo interrumpe, -que ya dan por hecho que pasará, luego se extiende una vez más el prejuicio y la sospecha- ¿no están las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para garantizar el orden público de manera que en una democracia puedan compartir escenario dos acontecimientos distintos, incluso antitéticos? No querer hacerse estas preguntas es demostrar el más absoluto desprecio a la ciudadanía. Por consiguiente, ¿los monárquicos podrán manifestarse el jueves y los republicanos no? ¿Podrán regalarle vítores y elogios al rey unos y no se permite que otros griten contra lo que les parezca oportuno de una forma pacífica y democrática? Es que tiene que ser otro día. ¿Por qué? Es que es una provocación. No, será que algunos quieren sentirse provocados. ¿Por qué se da por hecha la voluntad de provocar? En cualquier caso, en democracia existe ese derecho de provocar una reacción mediante la protesta, por eso se elige ese día y no otro, porque se quiere denunciar legítimamente lo que el jueves quedará para la historia.

El Gobierno se siente intimidado. Gasta energía en restringir cuanto puede las expresiones de malestar. Se ve arrinconado, sin capacidad de reacción. Y apela al orden público para restringir un derecho básico, sin pensar en la posibilidad de que genere un efecto no deseado. En democracia, al igual que no es necesario pedir permiso para manifestarse, sólo basta con comunicarlo, tampoco es necesario que te lo concedan. No es un privilegio, es un derecho y sólo puede ser incompatible con la violencia- si se demuestra a priori que se va armar bronca o se tienen antecedentes violentos-. Ni el día que es, ni la hora que sea, ni la circunstancia… nada debería impedir el latido de este derecho.

No cabe duda de que la capacidad de las personas de expresarse libremente (sin temer las represalias del gobierno) permite la discusión abierta y conduce a gobiernos más transparentes y representativos, a ideas más tolerantes y a sociedades más estables. Se fijan en el contenido de la protesta cuando no existen cuestiones neutras que impidan la celebración de la marcha. No se vulnera en ningún momento el Código Penal, y si se sobrepasase, se asumen las consecuencias y punto. No se le debería brindar estos arrebatos propios de otra época a un Gobierno timorato que ha perdido el control.

By Julián Cantero

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