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En nuestro espacio de salud, hoy: ‘La Cojera del Rey’

Villarrobledo

Salud en Villarrobledodiario
Alfonso Miguel Blanco Parreño
Parece una eternidad, pero no hace mucho que media España discutía acaloradamente sobre la reforma constitucional y la abdicación del rey. Irónicamente el calor ha enfriado estas cuestiones, y me parece que éste es un buen momento para reflexionar sobre la cojera de nuestro abdicado recientemente, Rey Juan Carlos I.

No serán muchos los ciudadanos que desconozcan aquellos exóticos viajes del Rey Juan Carlos I, aquellas paquidermas cacerías. En una de ellas, muy lejos de los dominios de su reino, el reputado rey calló al suelo e iso facto notó un dolor intenso en su ingle derecha. El médico le dijo que sufría una fractura extracapsular del fémur proximal. Total, la casa Real decide recomendar al ex-Jefe de Estado que la intervención quirúrgica se practicara en la Capital de España. Supongo que decidieron asumir el riesgo inherente del tromboembolismo pulmonar secundario al vuelo a gran altura hacia uno de los reputados centros privados de Madrid. El rey, a pesar de su noble y azul sangre sufría desde hace años los síntomas de la poliartrosis y la osteoporosis, como todos. Ya en Madrid alguien tuvo una “genial y arriesgada” idea de como tratar a tan solemne paciente
Las fracturas extracapsulares de la porción proximal del fémur, comúnmente llamada “cadera” ocurren en algo más de la mitad de los casos de fractura en esa región. El trazo de fractura discurre por debajo del cuello del fémur . La localización y el trazo de las fracturas de la cadera en los mayores y ancianos son dos aspecto básicos a la hora de decidir un tratamiento u otro. En el ejemplo del rey, el cuello del fémur se encontraba intacto.

Captura de pantalla 2014-07-30 a las 12.02.34El cuello del fémur recibe la mayor parte de la circulación a través de dos arterias que lo abrazan a modo de colgante. Las fracturas que ocurren a nivel del cuello presentan un riesgo alto de que la circulación se interrumpa y por tanto se necrose la cabeza femoral. En estos casos el tratamiento mayormente recomendado es la Prótesis de Cadera (PTC/ATC). Las prótesis parciales solo reconstruyen la cabeza y el cuello, dejando intacto el cotilo, o copa donde articula el fémur en la pelvis. En las prótesis totales el Traumatologo implanta una nueva copa de metal y plástico en la pelvis del paciente. En las fracturas extracapsulares, es decir, por debajo del cuello, el tratamiento óptimo consiste en cambio, en un Clavo Intramedular. Se que los conceptos son algo engorrosos, pero son importante en lo sustancial.

El rey llevaba años aquejado de ese dolor tan característicos de la artrosis en la cadera, que casi ni te deja calzarte ni subir escaleras cortas. Su cirujano pensó que con una PTC mataría dos pájaros de un tiro. Si colocaba una PTC al rey, podía tratarlo del episodio agudo de la fractura y del dolor crónico que ya padecía por la artrosis, en un solo acto. En principio parecía buena idea ahorrar una intervención al Monarca, pero a la larga la ciencia y la evidencia han demostrado que es importante ser rigurosos, más si cabe si son las caderas de Don Juan Carlos las que están en nuestras manos.

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Captura de pantalla 2014-07-30 a las 12.02.45El verdadero problema fue el siguiente. La fractura de Don Juan Carlos era lo suficientemente importante como para conllevar una pérdida severa de hueso en el foco fracturario. Al colocar el implante y permitir al Rey caminar con el andador, el vástago, que es la parte de la PTC que se coloca en el interior del canal femoral, se hundió irremediablemente, acortando la longitud del miembro de Don Juan Carlos. La colocación de la prótesis perdió tensión y por tanto quedó flácida expuesta a cualquier mal gesto del monarca. Un buen día, Don Juan Carlos se levantó con el vástago todavía más hundido en el tuétano del fémur, y cuando fue a recibir a cualquier embajador que desconozco, olvidó guardar la precaución de no sentarse en sillones bajos, y mucho menos hacerlo con el pie bizco. La prótesis se luxó. La cabeza de metal se escapó de la copa de plástico y de nuevo el rey desconsolado notó ese dolor sordo sobre la ingle, que tanta lata le estaba dando. Los sucesos posteriores, pueden ser muy parecidos a esos casos clínicos que yo y mis compañeros presentamos en los congresos anuales de Traumatología. Son casos desastrosos, muy difíciles de tratar y con resultado funcionales oscuros.

Cuando el rey entró de nuevo al quirófano para tratar la luxación, se sometió a más de dos horas de intervención para la reconstrucción del hundimiento de su malogrado implante. Desgraciadamente la herida se infectó, y ni las limpiezas en el quirófano ni los antibióticos más potentes, consiguieron evitar al rey someterse a un nuevo abanico de intervenciones quirúrgicas. Primero le extrajeron la prótesis de cadera, por cierto fue un eminente Traumatologo de fuera de nuestras fronteras. El Rey pasó varias semanas sin ninguna prótesis, solo con un espaciador impregnado de un antibiótico concreto, para que los músculos y tendones no se encogieran mientras se corregía la infección para la siguiente PTC, esta vez de revisión, procedimiento mucho más cruento y no exento de complicaciones severas. Captura de pantalla 2014-07-30 a las 12.02.54A cualquiera de los colegas que conozco nos aterra la sola idea de semejantes complicaciones y calvarios en nuestros pacientes, que siempre se comparten irremediablemente con el propio cirujano. Sin embargo, creo que la trascendencia informativa del proceso de la enfermedad en la cadera del ya abdicado Rey, es un ejemplo magnífico y sumamente ilustrativo de hasta que punto una intervención quirúrgica se puede complicar. No solo a la gente de a pie y más humilde. Por cierto, en los centros hospitalarios públicos del SESCAM estas complicaciones ocurren igualmente, y a pesar de todo, conseguimos en la mayoría de los casos ,y sin la ayuda inestimable de reputados cirujanos, proporcionar a nuestros pacientes de sangre roja el tratamiento más adecuado.

 

Hasta la próxima.

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  1. Carpanta

    Doctor, podría usted haber titulado su artículo “El asesino cojo” (y no sólo por los elefantes).

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