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En nuestro espacio de salud, esta semana: “Viejas y nuevas adicciones”

Villarrobledo

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La adicción es un trastorno de la conducta, en el que persona afectada genera una fuerte dependencia hacia una sustancia, mermando su capacidad para controlar sus respuestas y viéndose en la necesidad imperiosa de satisfacer su deseo de consumir.

El trastorno de adicción tiene su origen en múltiples variables de distinta categoría:

físicas, psíquicas, sociales, ambientales… asumir que una persona es adicta simplemente por una cuestión de dependencia física es quedarse con una explicación excesivamente pobre del problema.

Para llegar a comprender en su totalidad el proceso de adicción, es necesario diferenciar entre uso y abuso. Aunque el uso de drogas por si solo puede llevarnos a desarrollar una adicción, la mayoría de ustedes habrá consumido en alguna ocasión alcohol; sin que por ello hayan llegado a desarrollar un problema de alcoholismo.

El consumo o uso de determinadas sustancias es, innegablemente, perjudicial para salud y el riesgo de desarrollar una adicción es muy elevado. No obstante, es la unión de este comportamiento con otros factores de riesgo, tanto internos como externos, lo que llevan a una persona desarrollar esta enfermedad.

A pesar de ser conscientes de que el consumo de drogas repercute negativamente en nuestras vidas, variables como la curiosidad, la presión del grupo o la simple imitación… nos pueden inducir a realizar el primer consumo. Tras esa primera cerveza o ese primer porro, nuestro cerebro empieza a asociar el consumo de drogas a una serie de consecuencias positivas y negativas. Al principio, las consecuencias positivas

son intensas e inmediatas mientras que las negativas tienden a parecernos menos intensas y más lejanas en el tiempo.

La diversión, el refuerzo de los amigos, la sensación de ser más adultos de lo que somos y la desinhibición nos hacen ver el consumo de sustancias como una opción plausible de cara al ocio y la diversión.

A su vez, factores como personalidad, habilidades sociales, educación o entrono… influyen directamente en el desarrollo de una adicción. Existen personas que tienden a huir de los problemas, a eludir responsabilidades; personas que tienen dificultades para manejar la ansiedad o cuya timidez les impide relacionarse con demás. Es ante estos déficits, donde el consumo de drogas se convierte en un arma de doble filo. El consumo permite al individuo evadirse de la realidad, reducir su ansiedad o desinhibirse… a cambio de un precio muy alto.

Con el paso de tiempo, el sujeto comienza a ser consciente de las consecuencias negativas del consumo de drogas. Además del impacto que sufre nuestro cuerpo a nivel físico, el consumidor de drogas va acentuando sus déficits y cada vez depende más de la sustancia para ser capaz de enfrentarse a su vida diaria.

A lo largo del proceso de adicción una persona pasa por cuatro fases distintas:

1. Enamoramiento: primeros consumos, son esporádicos y se suelen asociar a diversión y placer.

2. Luna de miel: los consumos se vuelven más frecuentes, se siguen asociando al placer y el usuario considera que el consumo de drogas influye positivamente en su vida diaria.

3. Engaño: el consumo es habitual, se persigue el placer pero no se consigue con la facilidad de antes. Por el contrario la ansiedad y angustia percibidas por la persona al no consumir aumentan considerablemente.

4. Hundimiento: el consumo es diario, el sujeto ya no busca el placer sino el evadir el dolor físico y psíquico que le produce estar abstinente.

Lo que se inició como una conducta por diversión, se convierte en una lucha por evitar el dolor físico y la ansiedad que produce el volver a la realidad.

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Para cuando el sujeto es consciente de este hecho y decide buscar soluciones, suele ser tarde y es incapaz de abandonar el consumo por si mismo, siendo necesaria la intervención de los profesionales para ayudar al paciente a superar su adicción.

Llegados a este punto, podríamos pensar que sino consumimos drogas estamos libres de desarrollar una adicción. Pero el problema de adicción no se reduce solo al consumo de sustancias. La ludopatía, las compras compulsivas, la adicción al sexo o al trabajo… son ejemplos de conductas adictivas sin sustancia.

A lo largo de últimos años, en plena revolución informática, ha comenzado a desarrollarse una nueva adicción; la adicción a las “nuevas tecnologías”.

A pesar del mazazo económico que han sufrido la mayoría de familias de nuestro país, los españoles pertenecemos a lo que los expertos denominan “sociedad de consumo”. Una sociedad de consumo, es aquella que se encuentra en una etapa avanzada de desarrollo industrial capitalista y que se caracteriza por el consumo masivo de bienes y servicios. Evidentemente, para que este sistema funcione, es imprescindible que los miembros de dicha sociedad demanden dichos bienes y servicios. Por tanto, es fácil de entender, porque la principal estrategia de marketing de empresas y publicista es generar “nuevas necesidades” entre la población.

Tal y como hemos mencionado antes, la línea entre el uso y el abuso es extremadamente delgada y, por lo tanto, el riesgo de que desarrolle una “nueva adicción” entre la población es elevado.

Estar constantemente conectados a la red, visitar mi perfil de facebook cada 10 minutos, tener mi minuto de gloria en youtube o comprarme el último modelo de móvil comercializado… son necesidades que nuestros abuelos no tenían.

Sin embargo, actualmente, para algunas personas, no estar dentro de una red social o no tener el mejor móvil del mercado, les supone sentirse excluidos, inferiores o simplemente incapaces de mantener su vida social.

Es posible que algún lector esté pensando: “puede que su uso llegue a generar adicción; pero navegar por internet no perjudica mi salud, tal y como lo hace el fumar un cigarro”. Evidentemente, sus pulmones están totalmente a salvo; pero intente recordar, como se siente los días en los que su conexión a internet no funciona o en aquellos momentos en los que cree haber perdido el teléfono móvil. Probablemente ese sentimiento sea frustración o ansiedad. Además, casi con toda seguridad, su estado de animo se vera afectado, se sentirá más irascible de lo normal y su comportamiento se centrará en solucionar el problema lo antes posible. Si comparamos esta reacción con la de un fumador que desea un cigarrillo y no tiene tabaco, caeremos en la cuenta de que apenas existen diferencias.

Del mismo modo, en casos avanzados, la adicción a las nuevas tecnológicas con lleva una serie de consecuencias similares a las derivadas de cualquier adicción: problemas de salud, pérdida de hábitos saludables, gasto económico excesivo, aislamiento, deterioro de la comunicación familiar, abandono de responsabilidades, etc.

A pesar de todo lo expuesto, y tal como aclaré antes, el uso de las nuevas tecnologías no tiene porque derivar en una adicción a las mimas. Las nuevas tecnologías son herramientas que, bien utilizadas, nos ofrecen un sinfín de posibilidades de cara a nuestra vida personal y profesional. El objetivo es aprender a usar correctamente

nuestros recursos y prevenir el abuso:

‐ Poner límites.

‐ Utilizar los nuevos bienes y servicios, sólo para lo que fueron diseñados.

‐ Aprender a vivir solo con lo necesario y desprenderse de lo superfluo.

‐ Visitar a un amigo en lugar de mandarle un whatsapp.

‐ Comunicar como nos sentimos a quien tenemos al lado, en lugar de cambiar nuestro estado en las redes sociales.

‐ Y, en general, afrontar nuestros problemas personales, sin evadir o suplir ninguna de nuestras necesidades a través de un comportamiento compulsivo.

Para finalizar, les invito a todos ustedes a que, durante un breve espacio de tiempo, apaguen el ordenador, apaguen el teléfono y si limiten a disfrutar del placer de estar desconectados.

Fernando Fernández Fernández. Psicólogo.

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