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En nuestra sección de salud, hoy: ‘Inteligencia Emocional’. Por el Psicólogo Fernando Fernández

Villarrobledo

Inteligencia Emocional

Según el diccionario de la real academia de la lengua española, Inteligencia se define como:Captura de pantalla 2014-08-11 a las 12.05.04
facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad. Ahora,
¿por qué iniciar un articulo que habla de emociones definiendo el concepto de inteligencia?
Empecemos por el principio.
A lo largo de estos años, en mi despacho, he conocido a muchas personas que presentaban dificultades a la hora de manejar sus propias emociones.
Independientemente de si hemos necesitado la ayuda de un profesional o no, en alguna ocasión, todos pasamos por situaciones donde nos sentimos abrumados por nuestras emociones, perdiendo el control sobre ellas.

Sin embargo, las emociones son una parte fundamental de la información que nuestro cerebro necesita para comprender el mundo que nos rodea. Esta información, es imprescindible para que una persona sea capaz de adaptarse positivamente a su vida.
Gracias a las emociones podemos ser conscientes de lo que nos: gusta, amamos, odiaos, tememos, de lo que nos produce placer o dolor. Toda esta información nos motiva y moviliza para que seamos capaces de responder a nuestro entorno de un
modo adaptativo:
– Besar a quien amamos.
– Huir del peligro.
– Esforzarnos para perseguir nuestros sueños.
– Abrazar a un amigo que lo necesita.
– Llorar cuando necesitamos desahogarnos.
– Sonreír ante una imagen tierna.

Entonces, ¿cuál es el problema? Según mi experiencia, como profesional, el problema surge cuando tenemos dificultades para manejar correctamente esta información.

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Cuando la manipulamos, distorsionamos o simplemente nos dejamos embaucar por ella, acabamos comportándonos de un modo irracional. Algunos ejemplos de estos comportamientos disfuncionales son:
– Amar a personas que nos daña.
– Huir de los problemas en lugar de buscar solucionarles.
– Bloquearnos ante el estrés.
– Tomar drogas para evadir emociones como la tristeza.
– Aislarnos cuando nos sentimos solos; en lugar de buscar compañía.
– Pagar nuestras frustraciones con quien tenemos cerca.

La solución para prevenir estos comportamientos, es entrenar nuestra Inteligencia Emocional. Si aplicamos la definición de inteligencia, (la cual hemos citado anteriormente), al mundo de las emociones, podemos definir la Inteligencia Emocional como: la capacidad que tiene una persona para manejar, entender, seleccionar y trabajar sus emociones de cara a obtener resultados positivos. Es decir, podemos entender la Inteligencia Emocional como la herramienta que nos permite utilizar la información que nos trasmiten nuestras emociones de una forma eficaz y sana.

Utilizar correctamente la Inteligencia Emocional nos beneficiará a la ahora de:
– Detectar e identificar correctamente nuestras emociones.
– Escoger eficazmente el modo más adecuado de gestionar dichas emociones.
– Localizar con precisión que situaciones nos generan una u otra emoción.
– Expresar correctamente lo que sentimos.
– Empatizar y reconocer las emociones de los demás.
– Prevenir conductas disfuncionales.
– Afrontar y solucionar con éxito problemas cotidianos.
– Sentirnos emocionalmente sanos y estables.

Como toda habilidad, la inteligencia emocional se puede y se debe ejercitar para alcanzar su máximo de eficacia. Sentarnos a hablar con nosotros mismos, preguntarnos lo que sentimos y por qué, nos ayudará a gestionar nuestras emociones
de una manera más práctica. Nuestra habilidad a la hora de utilizar nuestra Inteligencia Emocional, puede ser la diferencia entre vernos sobrepasados por nuestras emociones o, por el contrario, sentirnos emocionalmente sanos. Por ello, recuerden: “pongan a trabajar sus emociones en su propio beneficio”.

Fernando Fernández Fernández
Psicólogo

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