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El secreto de una ‘Supernanny’.Por Fernando Fernández Fernández. Psicólogo

Villarrobledo

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Parece que últimamente hay quien se ha empeñado en rodearnos de problemas y negatividad. Pero incluso en los peores momentos, continúan ocurriendo sucesos maravillosos que nos devuelven la sonrisa: una amiga que se recupera con éxito de una enfermedad grave, un familiar que encuentra un puesto de trabajo tras mucho tiempo buscándolo y/o una pareja de amigos que te anuncian que van a ser padres.

Quisiera dedicar este artículo a todos aquellos de vosotros que en los próximos meses vais a convertiros en padres y, de un modo muy especial, a dos grandes amigos míos que se encuentran inmersos en esta gran aventura.

La llegada de un hijo es un motivo de alegría; pero también supone una difícil prueba para todos los padres. Pasados los primeros meses y tras muchas noches en vela, en torno a los dos años de edad, los niños comienzan a tratar de imponer sus propias reglas del juego y, es
entonces, cuando los padres comienzan la dura batalla de educar a sus hijos.

Desde su inicio, la psicología se ha encargado de estudiar y analizar cuáles son los principales estilos educativos que suelen adoptar los padres ante sus hijos:
Estilo educativo indiferente: los padres que pertenecen a esta categoría son padres poco afectuosos que a menudo ignoran lo que ocurre en la vida de sus hijos. Cuando finalmente les prestan atención es para corregirlos de una forma excesivamente autoritaria.
Estilo educativo permisivo: se caracterizan por una excesiva flexibilidad en sus normas, restando importancia a los malos comportamientos de sus hijos. Suelen confundir permisividad con cariño y ceden ante las peticiones de los niños para evitar una pataleta.
Estilo educativo autoritario: por el contrario los padres autoritarios son estrictos en las norma y a menudo intentan corregir a sus hijos utilizando como único argumento: “Porque lo que digo yo y punto”. Tienden a invertir mucha energía en corregir los errores de sus hijos y poco en reforzar los comportamientos positivos.
Estilo educativo democrático: finalmente se encuentran los padres que poseen un estilo de educativo democrático. Estos padres marcan límites y normas a sus hijos; pero se muestran negociantes cuando es posible. Ante una mala conducta corrigen a sus hijos y posteriormente
les explican el porqué de su error e intentan enseñarle una conducta alternativa al mal comportamiento. Además son padres afectuosos y comunicativos que, al igual que corrigen, refuerzan positivamente las buenas conductas de hijos.

Una vez analizados estos cuatro estilos, podemos afirmar que las posturas extremista nunca fueron buenas para nadie. Un estilo educativo indiferente privará a nuestros hijos del apoyo que necesitan para aprender a adaptarse al mundo y tan sólo verán en nosotros una figura
pasota que imparte “justicia” de forma arbitraria. El estilo permisivo quizás nos ayude ahorrar energías; pero estaremos enseñando a nuestro hijo que puede obtener todo lo que desea, utilizando su agresividad y el chantaje. Por su parte, el estilo autoritario trasmite a nuestro hijo que el más fuerte impone las normas. En todos estos casos, es cuestión de tiempo que nuestros hijos se conviertan en adolescentes incapaces de desenvolverse en el mundo que les rodea. Adolescentes sin normas ni responsabilidades, que han aprendido que pueden obtener lo que desean a través del chantaje y la fuerza. Del mismo modo, una excesiva permisividad y/o sobreprotección, convertirán al niño en un adolescente incapaz de tolerar la frustración, por lo que cada vez será más ansioso y agresivo ante los problemas cotidianos.

Un estilo educativo democrático, nos permitirá mantener una relación saludable con nuestros hijos. La confianza, seguridad y el convertirnos en modelos a seguir nos ayudará a alcanzar nuestros objetivos como padres. Es necesario, marcar las normas, no satisfacer todos los caprichos de nuestros hijos y, corregir los malos comportamientos; pero también lo es el reforzar sus avances y ser flexibles en aquello en lo que podemos serlos. Debemos protegerlos de los peligros que no son capaces de ver por ellos mismos; pero a la vez dejarles explorar el mundo y permitirles aprender que en la vida no todo sale como nos gustaría.

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Ser padres democráticos no es tarea fácil, y menos aún serlo a tiempo completo. No pasa nada, es normal que alguna ocasión seamos excesivamente permisivos o demasiado autoritarios, la claves es trabajar para que nuestra tendencia sea la de mantener un estilo
educativo democrático el mayor tiempo posible. Para alcanzar esta meta, existen herramientas eficaces que podemos utilizar. La económica de ficha o el tiempo fuera… son tan solo dos ejemplos de estrategias que los profesionales de la psicología utilizan, con el fin de ayudar a los padres a modificar el comportamiento de los niños. Aunque existen multitud de herramientas distintas, la mayoría de ellas se basan en utilizar correctamente el refuerzo diferencial o de contingencias. Partiendo de la teoría del condicionamiento operante de
Skinner, podemos concluir que los individuos modifican su comportamiento en función de las consecuencias que se derivan de sus actos.

Permítanme ponerles varios ejemplos de cómo puede aplicarse esta teoría de forma práctica. Imaginemos que deseamos enseñarle a nuestro hijo que, tras utilizar sus juguetes, debe recogerlos. Una vez finalizado el juego, le pedimos que cumpla con su obligación y recoja sus
juguetes. Ante esta norma el niño puede reaccionar de dos formas posibles:
A) El niño nos obedece y cumple con la norma. En este caso es importante reforzar positivamente este comportamiento para que el niño lo repita en el futuro. Para ello podemos:
a. Reforzar positivamente, de forma directa, el comportamiento, a través de algún premio, (no necesariamente material): “Papa está muy contento porque has recogido los juguete, y por ello, papa y mama te van a llevar de paseo”.
b. Reforzar positivamente, de forma indirecta, el comportamiento, eliminando alguna contingencia negativa que anteriormente le hubiéramos impuesto al niño: “como has recogido tus juguetes te retiro la prohibición de no ver la TV”.
B) El niño se niega a cumplir con la norma. En este caso es importante enseñar al niño que su comportamiento conlleva una serie de consecuencias negativas para él mismo.
De este modo su tendencia a comportarse así irá disminuyendo. Para ello podemos:
a. Reforzar negativamente, de forma directa, la conducta, de manera que el niño entienda que debido a su comportamiento ha obtenido una serie de consecuencias negativas: “como no has hecho lo que te he pedido, vas a escribir 100 veces en un papel: no volveré a dejar mis juguetes tirados por el suelo”. (¡Qué recuerdos del colegio! ¿ verdad?).
b. Reforzar negativamente, de forma indirecta, la conducta, del niño para que éste aprenda que su comportamiento le priva de otros privilegios de los que disponía: “como no has hecho lo que te he pedido, mañana no iremos al parque a jugar tal y como teníamos pensado”. (Se ha demostrado científicamente, que este tipo de refuerzo negativo da mejores resultados).

Es importante tener en cuenta que, desde que nosotros le pedimos a nuestro hijo que cumpla con su obligación hasta que finalmente el niño decide cumplirla, es probable que éste utilice sus armas: llorar, patalear, chantajear… para no cumplir con su obligación sin tener que asumir las consecuencias. El mejor modo de contraatacar es utilizar la estrategia de extinción. La técnica de extinción consiste en ignorar, este tipo de conductas chantajistas para que nuestro hijo entienda que no va a conseguir nada por esa vía. Una vez indicada la norma, de forma firme y tranquila, debemos esperar a que el niño cumpla con su obligación. Es importante, no prestar atención a los chantajes del niño ya que si lo hiciéramos caeríamos en el error de reforzar dicho comportamiento. Si somos capaces de mantenernos firmes y tranquilos,
ignorando la pataleta del niño hasta que éste se agote, finalmente cederá.

Tal y como hemos visto ser un padre democrático es una tarea difícil y costosa; pero es importantísimo tener que en cuenta que utilizar la herramientas de una “supernanny”, puede evitar que en el futuro necesitemos la ayuda de un “hermano mayor”.

Ser padres es una aventura emocionante y compleja. Probablemente jamás tengamos todas las respuestas; pero me gustaría despedirme diciéndoos a todos los futuros papás y mamás:

Estoy seguro de que lo vais a hacer genial.

Un saludo y hasta la próxima.
Fernando Fernández Fernández. Psicólogo

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