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El miedo. Por Fernando Fernández Fernández. Psicólogo

Villarrobledo

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Tras haber pasado la festividad de los santos, hemos podido comprobar cómo la celebración de
Halloween se va haciendo un hueco en nuestra cultura. La festividad de Halloween nos invita,
durante estos días, a realizar actividades dirigidas a exponernos al sentimiento del miedo. Ver
películas de terror o disfrazarnos de fantasmas para asustar a nuestros amigos, son actividades
que nos acercan de un modo seguro a este sentimiento.

El miedo es una respuesta fisiológica cuya principal característica es la sensación de angustia
provocada en una persona en presencia de un peligro real o imaginario.
Estudios recientes han demostrado que, debido a nuestra propia programación genética, el ser
humano nace predispuesto a ciertos temores. No obstante, aunque existen ciertos temores
socialmente compartidos, no todos reaccionamos con miedo ante los mismos estímulos y/o no
lo hacemos con el mismo nivel de ansiedad.

Aunque el miedo puede resultar desagradable, es una emoción totalmente necesaria y
adaptativa que nos ayuda a sobrevivir. Imaginemos un mundo lleno de personas sin miedo. No
tomar precauciones cuando estamos a alturas elevadas, conducir de forma temeraria, ingerir
alimentos tóxicos o exponernos a tener animales peligrosos… son conductas de riesgo que
realizaríamos sin pensar en las consecuencias por lo que, probablemente, nuestra esperanza de
vida se vería reducida de forma significativa.

Llegados a este punto, es importante diferenciar el miedo racional o adaptativo, del miedo
irracional o disfuncional. Mientras que el miedo racional cumple con la función de supervivencia
anteriormente descrita, el miedo irracional nos bloquea y limita nuestra vida. Cuando por culpa
de nuestros miedos somos incapaces de disfrutar de nuestra vida o, simplemente, nos impide
realizar actividades cotidianas llegando generar en nosotros un fuerte sentimiento de
frustración, debemos considerar que tenemos un problema y necesitamos ayuda.

Comúnmente, a este miedo irracional se le denomina fobia. Las fobias se definen como un temor
intenso e irracional hacia un determinado estímulo: una persona, una cosa o una situación… Ya
sea heredado, aprendido o tras haber sufrido una experiencia traumática, cualquier estímulo
puede llegar a ser responsable de provocar en nosotros un miedo irracional. Los profesionales
de esta materia categorizamos las fobias en función del estímulo que las origina.

Aunque la lista de fobias es larga y extensa, permítanme mencionar brevemente algunas de
ellas:
Acrofobia: Miedo o vértigo a las alturas.
– Agorafobia: Miedo ante los espacios abiertos y, especialmente, en calles y plazas amplias.
Aicmofobia: Miedo a las agujas.
Ailurofobia: Miedo a los gatos.
Amaxofobia: miedo a conducir.
Cinofobia: Miedo a los perros.
Claustrofobia: Miedo a los espacios cerrados.
Fobia Social: Miedo a ser juzgado negativamente.
Hipopotomonstrosesquipedaliofobia: Miedo a las palabras largas.
Hematofobia: Miedo a la sangre y a las heridas.
Necrofobia: Miedo a la muerte y a los muertos.
Nictofobia: Miedo a la noche o a la oscuridad.
Verminofobia: Miedo a los gérmenes.

A excepción de la hipopotomonstrosesquipedaliofobia, que he querido mencionarla para dejar
patente la amplitud de estímulos que pueden generar miedos irracionales, el resto de fobias son
bastante comunes en nuestra población.

Teniendo en cuanta la individualidad de caso, es posible establecer una línea de intervención
general con el objetivo de ayudar a la persona afectada a superar su fobia.
Actualmente, en psicología, existen distintas técnicas de intervención con el objetivo de alcanzar
este fin. Dos de las técnicas más conocidas y utilizadas son la inundación y la desensibilización
sistemática.

Comencemos por la técnica de inundación. Esta técnica fue creada por Baum en 1968. Su
característica central es la exposición prolongada a estímulos que producen temor, con el
objetivo de reducir o eliminar la sensación de malestar ante ellos.

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Para aplicar esta técnica es necesario seguir los siguientes pasos:
Hablar con la persona afectada con el objetivo de que comprenda el método de intervención. Es
importante señalar que una vez iniciada la exposición el paciente no debe llevar a cabo
respuestas de evitación o huida ante la sensación de miedo ya que entonces corre el riesgo de
reforzar su comportamiento de huir ante el miedo.
– Elaborar conjuntamente, entre el terapeuta y el paciente, un listado de situaciones temidas que
le generen altos niveles de ansiedad.
– Finalmente procederemos a la fase de inundación propiamente dicha. En esta fase el paciente
deberá enfrentarse a la situación temida durante periodos prolongado de tiempo hasta que se
capaz de acostumbrarse a dicha situación reduciendo su niveles de estrés.
El tiempo que debe transcurrir para que una persona se habitue a la situación temida y comience
a relajarse, depende de cada persona. Los investigadores coinciden en que el tiempo de
exposición no debe ser inferior a una hora ni superior a dos. Debemos considerar que, debido a
la agresividad de esta técnica, la persona puede negarse a exponerse a la situación temida. Otra
posibilidad es la de trabajar con el paciente en imaginación, es decir, exponer al paciente a
dichas situaciones en su imaginación.
Con el paso de tiempo y con el objetivo de seguir mejorando la intervención en fobias, años
después, Wolpe creo en 1979 la técnica de la desensibilización sistemática. Esta técnica consiste
en pedirle al paciente que, estando relajado, imagine situaciones que le generen temor. A
medida que se avance, el paciente deberá ir imaginando situaciones cada vez más temidas. El
objetivo es que, al estar el paciente relajado, la exposición repetida en imaginación de la persona
a situaciones temidas, reducirá progresivamente su miedo hacia ellas.
Para utilizar esta técnica se deben seguir los siguientes pasos:
– Hablar con el paciente, para que comprenda el objetivo de la intervención.
– Construir, conjuntamente, una jerarquía de situaciones que generen temor en el paciente,
ordenándolos de menor a mayor según el nivel de ansiedad que generen en la persona.
– Valorar la capacidad para imaginar del paciente. Si es necesario, se debe entrenar al paciente
para que mejore su capacidad de imaginar.
– Establecer una escala de puntuación de la ansiedad percibida durante la exposición. Por ejemplo
de 0 a 10.
– Relajar al paciente durante los primeros minutos de la intervención y, una vez conseguido, le
pediremos que imagine la primera situación de nuestra lista.
– Cuando el sujeto consigue visualizar en su imaginación la situación temida pueden ocurrir dos
situaciones:
1. Que observemos o que el paciente nos informe de que experimenta altos niveles de
ansiedad. En este caso, pararemos y se le ayudará a relajarse de nuevo. Posteriormente
se debe comenzar de nuevo con la misma situación o, incluso con la anterior en la lista.
2. Que el paciente no experimente ansiedad o niveles muy bajos de ésta. En tal caso, tras
una breve pausa, se le pedirá al paciente que imagine por segunda vez la misma
situación prolongando el tiempo de exposición a la situación temida. Se debe realizar
este paso hasta que la puntación que del paciente sea cero.

A lo largo de varias sesiones, expondremos al paciente a las distintas situaciones de la lista,
iniciando cada sesión con la última situación superada en la sesiones anterior. Para considerar
que una situación está superada, el paciente deberá haberse expuesto al menos dos veces
consecutivas a la situación temida sin experimentar ningún nivel de ansiedad. Es recomendable
utilizar los últimos minutos de nuestra intervención para inducir al paciente a un estado de
relajación para finalizar la sesión con una sensación agradable.

La diferencia entre esta técnica y la técnica de inundación radica en que, con la desensibilización
sistemática, no se expone al paciente directamente a una situación que la cause altos niveles de
ansiedad, sino que se le va exponiendo gradualmente a situaciones de menor a mayor nivel de
angustia. Otra diferencia, es que mientras que la técnica de inundación principalmente se aplica
exponiendo a la personas a situaciones reales, en la desensibilización sistemática predomina la
exposición en imaginación. No obstante, debo señalar que, introduciendo algunas
modificaciones, la técnica de desensibilización también se puede utilizar exponiendo a la
persona a situaciones en vivo. En los últimos años, gracias a las últimas tecnológicas, se ha
avanzado mucho en lo que se denomina desensibilización sistemática enriquecida, en la que la
utilización de fotografías, videos y la realidad virtual… permiten al terapeuta encontrar un punto
intermedio entre la exposición del sujeto en su imaginación y la exposición en vivo.

Debemos recordar que cada caso afecta de forma distinta a cada persona, por lo que a la hora
de intervenir sobre cualquier fobia es necesario acudir a un profesional. Es necesario estudiar
detenidamente el caso, para poder realizar el análisis topográfico de la conducta-problema y
establecer el protocolo de intervención más adecuado.

Sin más me despedido, no sin antes recordarles un viejo dicho: “Valiente no es aquel que no
tiene miedos, sino aquel que, teniéndolos, se enfrenta a ellos”.

Un saludo y hasta la próxima.

Fernando Fernández Fernández. Psicólogo

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