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“Año Nuevo, Vida nueva”. Por Fernando Fernández Fernández. Psicólogo

Villarrobledo

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Con el inicio del nuevo año, y una vez finalizadas las fiestas navideñas, somos muchos los que entonamos el dicho: “Año nuevo, vida nueva”.

Ya sea por necesidad o simple afán de mejorar, al inicio de cada año, nos marcamos nuevas metas con el objetivo de conseguir una mejor calidad de vida. Ser mejores personas, iniciar nuevos proyectos personales y laborales, cuidarnos más… son algunos de los retos que nos marcamos como parte de un ejercicio de autorrealización personal. No obstante, la mayoría de estos proyectos acaban siendo simples ideas que, muchas veces, terminamos abandonando.

La incompatibilidad, la pereza o el simple olvido… son algunas de la causa que paralizan nuestros proyectos. Sin embargo, el principal factor que nos lleva a abandonar nuestras metas es la frustración.

Para la psicología, la frustración supone un sentimiento de privación de una satisfacción vital. Se trata de un sentimiento desagradable que se produce cuando las expectativas de una persona no se ven satisfechas al no poder conseguir lo pretendido.

No adelgazar a pesar de la dieta, que no nos llamen tras realizar una entrevista de trabajo, suspender un examen para el que habíamos estudiado, que tengamos que cancelar una cita debido a un imprevisto de última hora, que el coche nos deje tirados a medio camino o que se averíe la lavadora, obligándonos a gastar el dinero ahorrado para las vacaciones en repararla…son situaciones que pueden generarnos frustración.

La frustración puede llevarnos al enfado, a la decepción, a sentir ansiedad y, posiblemente, a tirar la toalla. Además, en aquellos casos donde la persona manifiesta dificultades para gestionar la frustración podemos observar que, en su mayoría, tienden a utilizar la agresividad o la huida como mecanismo para hacer frente a este sentimiento.

Las personas que utilizan la agresividad, como herramienta de gestión, tienden a liberar su ira contra el objeto o causa que consideran responsable de su fracaso. Sin embargo, las personas que escogen la huida como mecanismo de acción, abandonan por completo sus metas y evitan volver a intentar retos similares en el futuro.

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Finalmente, es importante tener en cuenta que una persona que acumule alto niveles de frustración durante mucho tiempo puede llegar a desarrollar problemas psicológicos graves tales como: depresión, insomnio, deterioro de sus relaciones sociales e incluso, desarrollo de conductas autodestructivas.

No obstante, tal y como expuse en mi primer artículo, las emociones tan solo son una fuente de información que nos ayudan a interactuar con nuestro entorno. La frustración nos indica que, aquello que no ha salido como deseábamos es importante para nosotros. Por ello, quizás, en lugar de rendirnos, lo que debemos hacer es esforzarnos aún más por alcanzar nuestros objetivos. En el peor de los casos, podríamos volver a fracasar en el intento y, aún así, la frustración cumpliría con la función imprescindible de enseñarnos que, a veces, las cosas no salen como deseamos a pesar de nuestro esfuerzo. Si no somos capaces de entender este último planteamiento, seremos personas incapaces de aceptar nuestros propios fracasos y, sus síntomas, anteriormente descritos, se irán agravando con el tiempo.

Por todo ello, es muy importante que aprendamos a prevenir y, en caso de ser inevitable, a aceptar la frustración.

Para prevenir la frustración podemos tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

– Marcarnos objetivos realistas. Si nuestras perspectivas son excesivamente altas, corremos un mayor riesgo de fracasar y por lo tanto una mayor probabilidad de exponernos a la frustración. Seleccionar objetivos más realistas o, al menos, escalonarlos de menor a mayor dificultad, aumentará considerablemente nuestro porcentaje de éxito.

– Contar con varias alternativas. Ante la imposibilidad de alcanzar alguna meta, contar con varias opciones nos permitirá disponer de un mayor margen de acción de cara a alcanzar el éxito.

– Sustituir “debería” por “me gustaría”. Cuando nos “exigimos” la consecución de nuestras metas como un deber, no dejamos margen al error. Por ello, posiblemente nuestro nivel de frustración sea elevado si sufrimos un fracaso. Por el contrario, al ser flexibles con nosotros mismos con respecto a nuestras propuestas, nuestra capacidad para encajar la frustración será más efectiva.

A pesar de tener en cuenta estas consideraciones es inevitable que, en alguna ocasión, nos enfrentemos a la frustración. Ante este hecho, la psicología recomienda utilizar la sustitución como herramienta idónea para gestionar esta emoción.

Mediante la sustitución podemos; o bien cambiar nuestro objetivo por otro más accesible, o convertir el propio sentimiento de frustración en una nueva motivación que nos impulse a alcanzar nuestra meta.

Sin más, me despido. Os deseo a todos que, en este año, consigáis vuestros propósitos.

Arriesgar, acertar, equivocarse, volver a levantarse… son requisitos indispensables para embarcarse en el viaje que es vivir.

Un saludo y hasta la próxima.

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