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Amarga victoria del PP en las elecciones generales

Villarrobledo

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El PP obtiene 123 escaños, baja el PSOE con 90, remonta Podemos con 69 y aguanta Ciudadanos

El Partido Popular ha ganado las elecciones generales con 123 escaños, pero se ha hundido al perder más de 60 diputados, un resultado que no le da mayoría suficiente para gobernar ni sumando con Ciudadanos, que ha quedado en cuarta posición con 40 escaños. El PSOE también retrocede y logra 90 escaños pero la suma de los partidos de izquierda, es decir, con Podemos y sus marcas, que consiguen 69 diputados, y con IU (2) da 161 puestos en el Congreso de los Diputados. Lo que significa casi un empate entre los dos bloques

Los resultados son los siguientes:

PP: 123 escaños (28,72%)

PSOE: 90 escaños (22,02%)

Podemos: 69 escaños (20,66%)

Ciudadanos: 40 escaños (13,93%)

ERC: 9 escaños (2,39%)

Democràcia i Llibertat: 8 escaños (2,25%)

PNV-EAJ: 6 escaños (1,20%)

Unidad Popular-IU: 2 escaños (3,67%)

Bildu: 2 escaños (0,87%)

Coalición Canaria: 1 escaño (0,33%)

El resultado del PP, aún habiendo ganado, es malo sin paliativos y de hecho la cúpula popular lo ha recibido con cierta amargura. El líder popular ha pretendido darle a la escena del balcón el mismo aire de victoria de otras ocasiones, aunque esta vez hubiera menos motivos de celebración. Desde que empezó la campaña, el Partido Popular la adjetivó como “decisiva”, convencido de que había un voto oculto que finalmente le beneficiaría. Pero eso no ha sido así. De hecho, el PP ha logrado el resultado en porcentaje de votos que le pronosticaba la última encuesta del CIS, el 28,7 por ciento lo que en comparación con el 44,62% que tuvo en 2011 le ha supuesto perder 63 escaños y un 16 por ciento del apoyo logrado hace cuatro años.

Estos resultados son los más bajos que ha logrado un partido mayoritario en la historia de la democracia y baten el récord que obtuvo José María Aznar en 1996, cuando logró gobernar con la exigua mayoría minoritaria de 156 escaños. Y el hecho de que no sumen con el otro partido de su espectro ideológico, Ciudadanos, puede significar que Mariano Rajoy sea el primer presidente que sólo ha gobernado una legislatura. Todo lo más que puede hacer el partido de Albert Rivera, según ha reiterado su líder, es abstenerse para facilitar que Rajoy pueda ser investido en segunda votación -cuando ya no se precisa la mayoría absoluta- pero eso solo funcionaría si el PSOE también lo hiciera. En definitiva, Ciudadanos no tiene la llave, como le auguraban muchos sondeos. Se necesita el concurso de otra fuerza política para que su postura se traduzca en algún resultado.

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El batacazo del PSOE, que deja a los socialistas con 90 diputados de los 110 que tenían, ha sido grave, con un resultado mucho peor -20 representantes menos- que el obtenido por Alfredo Pérez Rubalcaba, el dimitido antecesor de Pedro Sánchez, hace cuatro años.

La gran coalición, otra vez sobre la mesa

Todo dependerá, no obstante, de las negociaciones que se entablen a partir de ahora para llegar a acuerdos de investidura y de gobernabilidad, ya que si algo ha quedado claro es que cualquiera de los partidos que han concurrido a las elecciones tendrá muy complicado gobernar en solitario. De todas las posibles combinaciones que se han barajado durante la campaña, la única que suma los apoyos suficientes para rebasar la mayoría absoluta es la gran coalición entre PP y PSOE. El pacto entre los dos grandes partidos alcanzaría los 213 votos, más que de sobra para llevar a cabo las reformas constitucionales que habrá que acometer en la próxima legislatura para, entre otras cosas, solucionar el problema del encaje de los distintos territorios del Estado.

La otra gran coalición, la de la izquierda -PSOE-Podemos-IU-, se queda en 161 escaños, por debajo de los 176 que marcan la mayoría absoluta. Ni siquiera con los 9 de ERC, llegarían a esa cifra. Y eso sin contar con que el acuerdo con los republicanos, defensores de la independencia de Cataluña, provocaría un terremoto en las filas socialistas. Tampoco la gran coalición con el PP cuenta con el respaldo de todo el partido, que saldría dividido de una solución como esa, pero sería probablemente más fácil de digerir para sus críticos más recalcitrantes si se cierra en aras de la estabilidad y la gobernabilidad del país. “España quiere izquierda y quiere cambiar, pero también es cierto que los españoles han decidido que la primera fuerza sea el PP”, ha reconocido Pedro Sánchez, que ha asegurado que es al PP al que corresponde la responsabilidad de formar gobierno. Rajoy asume esa responsabilidad, retomando el mensaje que ha lanzado durante toda la campaña porque “España necesita estabilidad, seguridad, certidumbre y confianza”. Pero admite que a partir de ahora “será necesario hablar mucho, dialogar más, llegar a entendimientos y acuerdos”. “Y yo lo voy a intentar”, ha asegurado desde el balcón de la sede de la calle Génova.

Pablo Iglesias, que ha comparecido pretendiendo parecer pletórico pero sin lograrlo del todo (seguramente es consciente de que tendrá un grupo parlamentario importante pero no marcará la diferencia con el antiguo régimen, con “la vieja política”, como a él le gusta decir) ha establecido su condición ‘sine qua non’ para un pacto: “Abordar los cambios constitucionales imprescindibles”. Y esos cambios, que él mismo ha definido como “irrenunciables”, son el blindaje constitucional de los derechos sociales, la posibilidad de que los ciudadanos revoquen el Gobierno por incumplimiento de programa, y la reforma del sistema electoral. En su enumeración, Iglesias no ha definido como “irrenunciable” el reconocimiento del derecho a decidir en la Constitución y la celebración de un referéndum catalán, aunque sí ha defendido que para Podemos “Cataluña es una nación, que tiene que tener un encaje constitucional distinto”. Y ha añadido: “Somos favorables a que se celebre un referéndum”.

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